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Desde Argentina

Martes, Marzo 28th, 2006

La salida de la convertibilidad colocó a nuestro país como una plaza poco rentable para la cocaína de máxima pureza. El mercado de drogas ilegales que explotó durante los noventa se
acomodó al nuevo escenario y diseminó una sustancia barata y fatal. La pasta base modificó la forma del narcotráfico y sumió a miles de chicos en la peor de las pesadillas posibles.

Cuando la Argentina salió de la convertibilidad, muchas situaciones mutaron radicalmente. Nuestro país dejó de ser atractivo para los productos fabricados afuera y los insumos importados se volvieron casi una especie en extinción. El mercado de las drogas se acomodó ágilmente al nuevo escenario y hubo sustancias que prácticamente desaparecieron de los clásicos circuitos de consumo. La cocaína, que evidenció una explosión de ventas durante la década del noventa en todos los sectores sociales, se retrajo exponencialmente en las plazas de bajo poder adquisitivo y se ubicó sólo allí donde todavía hay capacidad de compra. Esto, que a priori podría parecer una buena noticia, trajo como consecuencia una reconversión del mercado, que suplantó con PBC ese consumo instalado en los barrios pobres que ya no accederían a la opulencia de la cocaína.
Todavía no se pueden establecer los costos y los beneficios del nuevo escenario. Pero, al menos en la provincia de Buenos Aires, se rastrean efectos dispares. Una buena noticia: el volumen total de consumo de drogas se redujo ostensiblemente en comparación con las cifras de la época del “uno a uno” (datos sobre los que se informa por separado). Hay una mala: el poder devastador de la PBC, diez a veinte veces más implacable que la cocaína, está haciendo estragos en los consumidores. La ecuación sería la siguiente: hay menos adictos pero sufren un daño mayor.

Las “cocinas” de pasta base se han multiplicado no sólo en las provincias del noreste y noroeste del país, sino también en las zonas urbanas de mayor concentración poblacional como la Capital Federal, el conurbano bonaerense, Rosario y Córdoba. Para amplios sectores de la población que han quedado marginados del sistema, el tráfico de drogas corresponde a una simple forma de supervivencia. A pesar de que la cocaína perdió rentabilidad en nuestro país y se volcó nuevamente a la exportación hacia el mercado europeo y norteamericano, Argentina no volvió a ser el “país de tránsito” que fue. El mercado cautivo, que se generó durante diez años de convertibilidad, hizo que ahora estemos en presencia de una verdadera socialización de la distribución de la PBC en los barrios populares, en la que están implicadas miles de personas. Porque hay que derribar un mito: no existe en la Argentina un solo cártel que controle el conjunto de las operaciones entre la transformación y la comercialización. Se ha producido una diáspora que segregó la venta de drogas a ínfimas partículas de comercialización. La narco-organización puede ser hoy una casilla en una villa miseria, donde una jefa de hogar hace la “receta” mientras sus hijos vigilan los pozos de maceración de la pasta para que no los descubra la policía.

La mayor parte del comercio de PBC destinada al mercado local es organizada por bandas que tienen sus bases logísticas en varias de las 145 villas de emergencia de los principales centros urbanos del país. Los consumidores recurren directamente allí para abastecerse. Los “jefes” del tráfico en las zonas marginales, a pesar de que la prensa los presenta como poderosos, no son más que los parientes pobres del tráfico en comparación con los comanditarios de las exportaciones al por mayor, vinculados a grandes capitales financieros. Sin embargo, las ganancias del trapicheo de PBC han estimulado considerablemente las actividades de bandas, permitiéndoles comprar armamento sofisticado y tecnología que les posibilita incursionar en delitos complejos como, por ejemplo, el secuestro de personas.

Estudio de drogas a nivel comunal

Martes, Marzo 14th, 2006

Este informe contiene los principales resultados del Estudio Nacional del Consumo de Drogas en
Población Escolar de Chile, a Nivel Comunal, ejecutado por la Escuela de Salud Pública de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con el patrocinio de los Ministerios de
Educación, Salud y el Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes, realizado entre
Agosto y Septiembre de 1999.
Este Estudio propone conocer la magnitud del consumo de drogas en la población escolar y las
variaciones que experimenta ante diferentes condiciones personales, familiares y educacionales
que afectan a los escolares. El universo bajo análisis corresponde a la población escolar urbana
que en 1999 se encontraba cursando entre octavo año básico a cuarto año de enseñanza
media.
Como en los anteriores estudios (1995 - 1997), la presente investigación arroja información
originada desde los propios adolescentes, detectando la magnitud del consumo de drogas; así
como los factores de índole personal y social que se encuentran asociados a este fenómeno. Sin
embargo, a diferencia de los anteriores estudios, esta investigación se basa en el análisis de 62
muestras representativas de la población escolar de las comunas seleccionadas. Por su parte,
estas comunas se caracterizan - a excepción de Coihaique -, por presentar las más altas
concentraciones de población del país. El universo analizado en esta ocasión corresponde al
utilizado por el Tercer Estudio de Hogares de CONACE (1998).
La metodología utilizada fue similar a los trabajos previos en población escolar, con una
muestra de 46.908 estudiantes que representan a 721.989 alumnos, un 72.4% del total de
987.980 alumnos que conforman el universo de escolares de octavo año básico a cuarto año
medio del país, de los tres tipos de establecimientos educacionales: municipalizado, particular
subvencionado y particular pagado, de las 62 comunas urbanas más pobladas de cada región.
Para la realización de esta investigación, se utilizó una versión adaptada del instrumento Drug
Use Screening Inventory (DUSI), validado por los estudios precedentes. Este cuestionario
permite describir los distintos tipos de consumo de acuerdo a las drogas utilizadas, como
también conocer las variaciones que tiene el consumo de drogas en relación a determinados
factores de riesgo y protectores detectados en nuestra realidad y que puedan ser fortalecidos a
través de acciones de prevención.
Además se estudió el clima preventivo que existe en los establecimientos educacionales, debido
a que son áreas que pueden ser modificables o reforzadas a corto plazo y como consecuencia
disminuir el consumo.
En relación al consumo de drogas lícitas en el último año, un 65% de los escolares refirió el
consumo de alcohol, un 53%, tabaco y un 6% en relación a tranquilizantes. Para el consumo en
el último mes la droga de mayor consumo fue tabaco con un 43%, seguido de alcohol con un
39% y tranquilizantes con un 3.1%.
En cuanto a diferencias de género, para alcohol no hubo mayores variaciones entre hombres y
mujeres en los períodos consultados. Sin embargo, para tabaco y tranquilizantes las mujeres
tuvieron un consumo mayor que los hombres.
El mayor aumento porcentual según la variable curso se produce para alcohol y tabaco entre
octavo y primero medio.
Para las drogas ilícitas, 23 de cada 100 escolares ha consumido alguna vez en la vida, alguna
de las tres principales drogas ilícitas en nuestro país: 21.7% para marihuana, 4.6% para pasta
base y 4.5% para cocaína.
El consumo en el último año de cualquiera de las tres principales drogas ilícitas estudiadas fue
de un 19.3%, influido por el consumo de marihuana que fue de un 18.8%, pasta base con un
2.2% y clorhidrato de cocaína con un 3.3%. Respecto del consumo del último mes de
cualquiera de las tres principales drogas ilícitas, fue de 11.9%, siendo en marihuana, un 11.5%,
pasta base, un 1.3% y clorhidrato de cocaína, un 1.8%.
En las tres drogas ilícitas señaladas, hubo una mayor proporción de hombres que habían
consumido estas sustancias que en mujeres. En relación a consumo de marihuana en el último
año, por cada 100 hombres, hubo 85 mujeres. En cocaína, por cada 100 hombres hubo 78
mujeres que la consumieron y en pasta base, de cada 100 hombres hubo 69 mujeres que han
usado la droga.
Se constató un aumento de consumo a medida que los escolares tenían mayor edad o
ascendían en los cursos. El mayor incremento para marihuana fue de octavo básico a primero
medio y para pasta base o clorhidrato de cocaína, entre primero a segundo de enseñanza
media.
En relación a las drogas lícitas hubo un mayor consumo de alcohol y tabaco en establecimientos
particulares pagados, seguido de los particulares subvencionados y finalmente los
municipalizados.
En las drogas ilícitas el más alto consumo se detectó primero en los establecimientos
particulares subvencionados, seguido de municipalizados y finalmente particulares pagados.
El promedio de edad de inicio del consumo fue menor para tabaco, con 12.9 años, seguido de
solventes volátiles con 13.0 años; alcohol con 13.2 años; pasta base con 13.5 años, marihuana
con 14.4 años y cocaína con 14.8 años de edad.
Se construyeron 9 escalas que miden factores de riesgo y factores protectores. Las escalas de
factores de riesgo (a mayor respuestas positivas mayor consumo de las drogas) fueron: pares
consumidores, pares con problemas distintos al consumo, familia con problemas, problemas
escolares y conducta agresiva. En todas ellas hubo una asociación entre mayor consumo y
mayor número de respuestas positivas, siendo más fuerte la asociación en el caso de las drogas
ilícitas.Las escalas de factores protectores (es decir a mayor respuesta positiva menor consumo)
fueron: percepción de daño de la marihuana, preocupación familiar y acciones de prevención,
notándose una disminución del consumo, especialmente en las drogas ilícitas.
En relación al clima preventivo se observó que cerca de un 50% de los escolares tuvieron una
actitud de rechazo frente al consumo de pasta base o clorhidrato de cocaína, un 35% de
rechazo a marihuana y un 21% al consumo excesivo de alcohol. En cuanto a la actitud
favorable al consumo, esta fue de un 2.5% para pasta base o cocaína, 6.6% al consumo de
marihuana y un 5.1% al consumo excesivo de alcohol.
Se observó que un 50% de los escolares han realizado recomendaciones preventivas en el caso
de consumo de marihuana, pasta base o cocaína. En relación a alcohol este porcentaje baja a
40%.
Los escolares contestaron que aproximadamente un 40% de ellos han tomado decisiones
colectivas de no consumir alcohol en exceso o no consumo de marihuana, pasta base o cocaína.
En cuanto a la asociación de consumo y clima preventivo, la encuesta muestra que el consumo
es mas alto si se observa un clima de apoyo o neutro al consumo: 86.9% para alcohol, 47.4%
marihuana, 14.1% para pasta base y 13.5% en el caso de cocaína. El consumo desciende
claramente cuando se percibe un clima de rechazo al consumo: las prevalencias de vida fueron
54.3% para alcohol, 7.7% para marihuana, 3.7% para pasta base y 4.4% clorhidrato de
cocaína.
Al realizar el análisis comunal se observa que el consumo de alcohol y tabaco es alto y similar a
lo largo de las 62 comunas de las distintas regiones donde se llevó a cabo el estudio. Para el
caso de marihuana, las comunas que mostraron mayor consumo estaban en su mayoría en la
Región Metropolitana, presentando mayor consumo para el último año las siguientes comunas:
San Joaquín (30.6%), Pedro Aguirre Cerda (29.0%), Independencia (28.2%), San Miguel
(25.8%), y La Cisterna (25.8). En las otras regiones, las comunas de mayor consumo fueron:
Villa Alemana (25.2%), Quilpué (21.8%), Valparaíso (20.3%), todas ellas de la Quinta Región e
Iquique (20.1%) y La Serena (20.1%).
El consumo de clorhidrato de cocaína, a nivel comunal fue mayor en la región metropolitana: de
las 29 comunas que tuvieron cifras superiores al promedio nacional en relación a prevalencia
último año, 25 de ellas estaban en la Región Metropolitana, siendo las comunas de mayor
consumo: San Joaquín (11.5%), San Miguel (8.6%), Lo Espejo (7.1%), Huechuraba (6.6%),
Independencia (6.5%), Pedro Aguirre Cerda (6.5%), Recoleta (6.1%), y Peñalolén (5.5%). En
las otras regiones, las comunas de mayor consumo se ubicaron preferentemente en la Quinta
Región: Villa Alemana (3.6%), Valparaíso (3.4%), y Viña del Mar (2.4%), además de Rancagua
con un 2.7%.
Para pasta base las comunas de mayor consumo en el último año fueron: Cerro Navia (6.7%),
Iquique (5.6%), San Miguel (4.4%), Arica (4.3%), Coquimbo(4.2%), Cerrillos (4.1%), San
Joaquín(3.6%), Estación Central(3.3%).
Finamente al preguntar por la legalización de las drogas ilícitas más importantes, un 90% no
está de acuerdo con la legalización de cocaína o pasta base y un 65.3% es contrario a legalizar
la marihuana.

Crean centro para el tratamiento de adictos a pasta base de cocaína

Lunes, Marzo 13th, 2006

Crean centro para el tratamiento de adictos a pasta base de cocaína

En dos años estaremos en gravísimos problemas, si continúa este ritmo de crecimiento en el consumo de pasta base”. El pronóstico pertenece al doctor Horacio Porciúncula, director de Programas Crónicos del Ministerio de Salud Pública. El problema obligó a una respuesta inmediata de las autoridades bajo la forma de un centro de atención a los consumidores de drogas, particularmente los adictos a la pasta base de cocaína.

El futuro centro de referencia funcionará en el Centro Nacional de Rehabilitación (ex hospital Musto), en poco menos de dos meses. La Junta Nacional de Drogas de la Presidencia articuló este nuevo organismo de asistencia ante el empuje “explosivo” del consumo de esta droga que suele crear usuarios altamente agresivos y propensos a conductas criminales. El presidente de la JND, Leonardo Costa, dijo a El País que hubo una plena coincidencia entre los titulares de los organismos involucrados en el emprendimiento, así como de la Suprema Corte de Justicia que también participó en las discusiones previas a la concreción de este proyecto.

Un ala del antiguo hospital de Colón, donde actualmente funciona el ambicioso programa de rehabilitación para reclusos, será enteramente destinada a la atención de los adictos. Se prevé contar con un total de 40 camas para dar cabida a aquellos usuarios de pasta base que, voluntariamente, accedan a someterse al tratamiento de desintoxicación que no durará más de un mes.

RESPUESTA. La irrupción de la pasta base de cocaína se constata sobre fines del año pasado en Uruguay. Pero no es sino hasta principios de este año que los efectos de su consumo abusivo comenzaron a hacerse sentir, tanto a nivel meramente asistencial como en el plano delictivo.

Fuentes de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) de la Policía Nacional indicaron a El País que la explicación de este cambio en la comercialización y consumo de drogas en Uruguay radica a su vez en cambio de las políticas de represión en los países productores. El severo control sobre los denominados precursores químicos utilizado para la conversión de la hoja de coca en clorohidrato de cocaína en Bolivia, hizo que los productores comenzaran a liberar la coca en su primera etapa de procesamiento. En ese estado llega lo que se conoce como “pasta base de cocaína”, una sustancia altamente tóxica y adictiva.

“Es necesario, sí o sí, tener una respuesta institucional para este problema”, señaló Leonardo Costa. La idea estaba en la mente de muchos médicos, técnicos y operadores tanto del sistema de salud como judicial–penal. “Hace aproximadamente quince días lo estuvimos conversando con gente de Salud Pública durante la firma de un convenio”, recordó Costa, “el comentario fue algo así como: ‘Tenemos que hacer algo con la pasta base’. Eso fue de mañana, por la tarde ya habíamos hablado con el Ministerio del Interior, con el Iname y después con la Suprema Corte, prácticamente todos nos pusimos inmediatamente de acuerdo. Creo que fue uno de los mejores momentos de mi carrera”.

El centro de referencia quedó virtualmente constituido, sólo resta la firma de los acuerdos entre los organismos involucrados en el programa. Desde el punto de vista institucional, el establecimiento dependerá del CNR, pero la dirección técnica estará a cargo de un comité integrado por representantes de la Junta Nacional de Drogas, Ministerios de Salud Pública, del Interior, Iname y el Centro de Investigación y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) de la Facultad de Medicina.

GRAVE. “Esta sustancia produce en seis meses alteraciones tan serias como el abuso de la cocaína en dos años”, explicó por su parte el doctor Horacio Porciúncula.

“Si sigue este ritmo de crecimiento, en dos años estaríamos en gravísimos problemas”, señaló el profesional, “empezamos a preocuparnos a fines del año pasado cuando empezamos a atender los primeros casos y ahora la avalancha es impresionante”.

El tratamiento de este tipo de consumo requiere de una infraestructura que actualmente existe en pequeña escala sólo en el Hospital Maciel, en el centro de farmacodependencia, o en el Hospital Vilardebó. “Hay que buscar un espacio de aislamiento para el usuario durante el período de abstención que permita generar un sistema de contención adecuado”, explicó Porciúncula. Este será, precisamente, el papel que cumplirá el futuro centro de tratamiento en el CNR.

El perfil de pacientes que atenderá el centro, explicó el jerarca médico, será el de los que actualmente consumen la sustancia: hombres jóvenes, de 16 a 30 años, provenientes de los estratos sociales más bajos.

“Hay que tener en cuenta el tipo de consumidor que tenemos —señaló—, se trata de una droga que se adquiere a muy bajo precio, incluso por lo que nos cuentan los pacientes que llegan a atenderse, las llamadas ‘bocas’están ofreciendo pasta base en la modalidad del ‘tres más uno’, es decir que venden tres dosis y regalan una. Esto da lugar a toda una serie de situaciones delictivas, ya que incluso los propios vendedores se convierten en adictos y llegan incluso a actuar como ‘reducidores’ de cosas robadas para conseguir más sustancia”.

Los usuarios generalmente provienen de ámbitos familiares desintegrados, pero cuando existe el entorno familiar éstos sufren mucho las consecuencias de la adicción. “Lo que esto genera es el imperio del ‘ya’, el ahora, no sólo en el usuario sino también en los familiares a los que el consumidor termina robando para conseguir dinero”, indicó Porciúncula.

La atención que debe recibir el usuario de pasta base es compleja. “Requiere de atención toxicológica, debido a las características de la droga; médica, por los efectos a nivel pulmonar y cardiovascular; psiquiátrico, porque muchas veces es necesaria la medicalización del paciente, y también psicológico y social”, indicó el médico.

La apertura de este centro, empero, ha contagiado de optimismo al profesional. “Por primera vez en muchos años siento que hay uniformidad de criterio entre los miembros de las distintas instituciones —dijo—, parece paradojal, pero una droga que disocia tanto, que divide tanto a la familia, ha generado la unión de visiones y pensamientos de personas de distintos ámbitos y colores políticos”.

“Una institución innovadora”

El director del Centro Nacional de Rehabilitación (CNR), el médico Eduardo Lenzi, dijo que veía con buenos ojos la iniciativa de crear un nuevo servicio de atención de adicciones con especial hincapie en los casos de “pasta base” de cocaína en alguna de las instalaciones disponibles del ex Hospital Musto. Lenzi dijo que desde se creación se pensó que el CNR podía dar cabida, dada la amplitud de sus instalacionees, a “fines complementarios” de su actividad central: la rehabilitación de jóvenes procesados por la Justicia Penal. Lenzi, quien bajo su responsabilidad tendrá la dirección general de todo el estableciminto, explicó que: “El nuevo servicio tendrá su plena autonomía técnica, pero se aprovecharán bajo una misma estructura los servicios de cocina, seguridad y mantenimiento comunes. El CNR pasará en poco a ser una institución compleja pero muy innovadora: tendrá un programa de atención a procesados, un programa de atención a procesados primarios, otro para procesados sin prisión y un servicio de atención a jóvenes con adicciones a sustancias. Hay mucho para coordinar y mucho para hacer. El país precisaba esto”.

RENZO ROSSELLO

http://www.elpais.com.uy/Anuarios/04/12/31/anua_ciud_132088.asp

Pasta Base en Río Bueno

Lunes, Marzo 13th, 2006

Nos seguimos poniendo a tono con la modernización:

Río Bueno.- Nuestra comuna ha ido experimentando cambios notables en diversos ámbitos, producto del “desarrollo sin equidad” propio del sistema económico que hoy -y desde hace 32 años-, se aplica en Chile. Y la tendencia al incremento de los cesantes y marginados, de la pobreza y la delincuencia es, también, notable aquí como en el resto del país, aunque paralelamente se hagan esfuerzos por minimizar o “invisibilizar” estos aspectos.
Entrando en materia, una “evolución” (de signo negativo) es la que se aprecia entre algunos grupos de jóvenes que, del alcohol y la marihuana, han pasado al consumo de drogas mucho más destructivas, como la cocaína, en los sectores más pudientes y la pasta base, entre los más pobres. De la coca se sabe hace ya tiempo y hemos tenido en la ciudad connotados traficantes que han actuado -y aún lo hacen- a vista y paciencia de todos. Lo nuevo –y preocupante- es la llegada en forma más sistemática de la pasta base que, como se sabe, es un residuo de la elaboración de cocaína con elementos muy tóxicos, como ácido sulfúrico y parafina, entre otros.

Los mundos de la Plaza “21”
La plaza 21 de mayo es para algunos la más bonita de las (dos) que posee Río Bueno. Y paseo obligado para los niños, que acuden entusiasmados a los juegos infantiles que se instalaron hace unos años allí (y que –tema aparte- ya requieren de una urgente restauración). En este tiempo, cuando mejora nuestro clima, es característico ver a familias, parejas y paseantes disfrutando de la sombra y belleza de esta antigua plaza, con sus grandes araucarias, variedad de árboles nativos, su sencilla pileta, todo resguardado por el siempre atento busto de Arturo Prat y sus cañones. Pero el héroe de la Esmeralda no trabaja horas extras. Llegada la noche, el escenario se modifica drásticamente. Niños, parejas y familias abandonan rápidamente el lugar y comienzan a llegar los siguientes actores: grupos de jóvenes que se juntan a conversar, pololear, tomarse un “copete”…y otros menos inofensivos, que ya tienen a su haber una serie de agresiones y robos a transeúntes desprevenidos. Entre ellos, aparecen también los nuevos “consumidores” para fumarse un “mono” o un “marciano” (el primero es pasta mezclada con tabaco; el segundo, con marihuana). Obviamente no es fácil acercarse a ellos, menos aún en calidad de periodistas. Pero vencidos –o aplazados- los mutuos temores, el Carlitos (nombre que inventa para la ocasión) nos dice: “Na, puh. Aquí nos juntamos pa relajarnos y compartir una ‘bazuka’ (pasta base). Es que es rica y más bacán que la yerba. Altiro te deja terrible’e loco.”. La pasta es un polvo granuloso, blanquecino o amarillento, que se vende en ”papelillos”. Existen distintos tipos: “palo de rosa”, “blanca” y “café”. Carlitos dice que la compran en La Unión o que “de repente vienen locos de otros lados, que ya nos conocen. Si les asegurai una buena venta, se pegan el pique. No, puh, no sé cómo ubicarlos…O a lo mejor sé, puh, pero no pasa na’ con la prensa”- se ríe. No queda del todo claro si existe microtráfico en la ciudad. Según nuestro amigo, es poca la pasta que se ve en Río Bueno. Pero ya hay “locos pegaos (adictos) que transmiten en esa pura onda”. Consultado al respecto, el jefe de Investigaciones de La Unión, subprefecto Carlos Camino, señaló que su unidad no tiene como función específica el combate al narcotráfico, labor que corresponde a la Brigada Antinarcóticos de Valdivia. Agregó que en la labor que desarrollan, no han encontrado evidencias de microtráfico ni de consumo habitual de esta droga en Río Bueno. Sin embargo, recientemente la policía civil unionina colaboró en un decomiso realizado por los efectivos valdivianos en el cruce Los Tambores, requisando una camioneta con cocaína y pasta base destinada a la venta entre consumidores de esta ciudad y de La Unión.
La aparición del alcaloide en nuestras comunas resulta especialmente preocupante. La pasta base produce daño irreversible en el cerebro, es muy adictiva y tiene un efecto breve, seguido de un estado de intensa angustia que exige a sus consumidores adquirir nuevas dosis con gran frecuencia. Llega un momento en que son capaces de vender todo o de las acciones más desesperadas para juntar las “monedas” necesarias. Si bien en Chile, el consumo de pasta base alcanza a cerca del tres por ciento de la población mayor de 12 años (unas 200 mil personas), la estadística no nos sirve de gran consuelo si en Río Bueno ya tenemos jóvenes consumiendo esta basura, cuyos dañinos efectos se dejan sentir rápidamente tanto entre quienes la consumen, como en el conjunto de la comunidad.