Desde Argentina

Marzo 28th, 2006

La salida de la convertibilidad colocó a nuestro país como una plaza poco rentable para la cocaína de máxima pureza. El mercado de drogas ilegales que explotó durante los noventa se
acomodó al nuevo escenario y diseminó una sustancia barata y fatal. La pasta base modificó la forma del narcotráfico y sumió a miles de chicos en la peor de las pesadillas posibles.

Cuando la Argentina salió de la convertibilidad, muchas situaciones mutaron radicalmente. Nuestro país dejó de ser atractivo para los productos fabricados afuera y los insumos importados se volvieron casi una especie en extinción. El mercado de las drogas se acomodó ágilmente al nuevo escenario y hubo sustancias que prácticamente desaparecieron de los clásicos circuitos de consumo. La cocaína, que evidenció una explosión de ventas durante la década del noventa en todos los sectores sociales, se retrajo exponencialmente en las plazas de bajo poder adquisitivo y se ubicó sólo allí donde todavía hay capacidad de compra. Esto, que a priori podría parecer una buena noticia, trajo como consecuencia una reconversión del mercado, que suplantó con PBC ese consumo instalado en los barrios pobres que ya no accederían a la opulencia de la cocaína.
Todavía no se pueden establecer los costos y los beneficios del nuevo escenario. Pero, al menos en la provincia de Buenos Aires, se rastrean efectos dispares. Una buena noticia: el volumen total de consumo de drogas se redujo ostensiblemente en comparación con las cifras de la época del “uno a uno” (datos sobre los que se informa por separado). Hay una mala: el poder devastador de la PBC, diez a veinte veces más implacable que la cocaína, está haciendo estragos en los consumidores. La ecuación sería la siguiente: hay menos adictos pero sufren un daño mayor.

Las “cocinas” de pasta base se han multiplicado no sólo en las provincias del noreste y noroeste del país, sino también en las zonas urbanas de mayor concentración poblacional como la Capital Federal, el conurbano bonaerense, Rosario y Córdoba. Para amplios sectores de la población que han quedado marginados del sistema, el tráfico de drogas corresponde a una simple forma de supervivencia. A pesar de que la cocaína perdió rentabilidad en nuestro país y se volcó nuevamente a la exportación hacia el mercado europeo y norteamericano, Argentina no volvió a ser el “país de tránsito” que fue. El mercado cautivo, que se generó durante diez años de convertibilidad, hizo que ahora estemos en presencia de una verdadera socialización de la distribución de la PBC en los barrios populares, en la que están implicadas miles de personas. Porque hay que derribar un mito: no existe en la Argentina un solo cártel que controle el conjunto de las operaciones entre la transformación y la comercialización. Se ha producido una diáspora que segregó la venta de drogas a ínfimas partículas de comercialización. La narco-organización puede ser hoy una casilla en una villa miseria, donde una jefa de hogar hace la “receta” mientras sus hijos vigilan los pozos de maceración de la pasta para que no los descubra la policía.

La mayor parte del comercio de PBC destinada al mercado local es organizada por bandas que tienen sus bases logísticas en varias de las 145 villas de emergencia de los principales centros urbanos del país. Los consumidores recurren directamente allí para abastecerse. Los “jefes” del tráfico en las zonas marginales, a pesar de que la prensa los presenta como poderosos, no son más que los parientes pobres del tráfico en comparación con los comanditarios de las exportaciones al por mayor, vinculados a grandes capitales financieros. Sin embargo, las ganancias del trapicheo de PBC han estimulado considerablemente las actividades de bandas, permitiéndoles comprar armamento sofisticado y tecnología que les posibilita incursionar en delitos complejos como, por ejemplo, el secuestro de personas.

Estudio de drogas a nivel comunal

Marzo 14th, 2006

Este informe contiene los principales resultados del Estudio Nacional del Consumo de Drogas en
Población Escolar de Chile, a Nivel Comunal, ejecutado por la Escuela de Salud Pública de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con el patrocinio de los Ministerios de
Educación, Salud y el Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes, realizado entre
Agosto y Septiembre de 1999.
Este Estudio propone conocer la magnitud del consumo de drogas en la población escolar y las
variaciones que experimenta ante diferentes condiciones personales, familiares y educacionales
que afectan a los escolares. El universo bajo análisis corresponde a la población escolar urbana
que en 1999 se encontraba cursando entre octavo año básico a cuarto año de enseñanza
media.
Como en los anteriores estudios (1995 - 1997), la presente investigación arroja información
originada desde los propios adolescentes, detectando la magnitud del consumo de drogas; así
como los factores de índole personal y social que se encuentran asociados a este fenómeno. Sin
embargo, a diferencia de los anteriores estudios, esta investigación se basa en el análisis de 62
muestras representativas de la población escolar de las comunas seleccionadas. Por su parte,
estas comunas se caracterizan - a excepción de Coihaique -, por presentar las más altas
concentraciones de población del país. El universo analizado en esta ocasión corresponde al
utilizado por el Tercer Estudio de Hogares de CONACE (1998).
La metodología utilizada fue similar a los trabajos previos en población escolar, con una
muestra de 46.908 estudiantes que representan a 721.989 alumnos, un 72.4% del total de
987.980 alumnos que conforman el universo de escolares de octavo año básico a cuarto año
medio del país, de los tres tipos de establecimientos educacionales: municipalizado, particular
subvencionado y particular pagado, de las 62 comunas urbanas más pobladas de cada región.
Para la realización de esta investigación, se utilizó una versión adaptada del instrumento Drug
Use Screening Inventory (DUSI), validado por los estudios precedentes. Este cuestionario
permite describir los distintos tipos de consumo de acuerdo a las drogas utilizadas, como
también conocer las variaciones que tiene el consumo de drogas en relación a determinados
factores de riesgo y protectores detectados en nuestra realidad y que puedan ser fortalecidos a
través de acciones de prevención.
Además se estudió el clima preventivo que existe en los establecimientos educacionales, debido
a que son áreas que pueden ser modificables o reforzadas a corto plazo y como consecuencia
disminuir el consumo.
En relación al consumo de drogas lícitas en el último año, un 65% de los escolares refirió el
consumo de alcohol, un 53%, tabaco y un 6% en relación a tranquilizantes. Para el consumo en
el último mes la droga de mayor consumo fue tabaco con un 43%, seguido de alcohol con un
39% y tranquilizantes con un 3.1%.
En cuanto a diferencias de género, para alcohol no hubo mayores variaciones entre hombres y
mujeres en los períodos consultados. Sin embargo, para tabaco y tranquilizantes las mujeres
tuvieron un consumo mayor que los hombres.
El mayor aumento porcentual según la variable curso se produce para alcohol y tabaco entre
octavo y primero medio.
Para las drogas ilícitas, 23 de cada 100 escolares ha consumido alguna vez en la vida, alguna
de las tres principales drogas ilícitas en nuestro país: 21.7% para marihuana, 4.6% para pasta
base y 4.5% para cocaína.
El consumo en el último año de cualquiera de las tres principales drogas ilícitas estudiadas fue
de un 19.3%, influido por el consumo de marihuana que fue de un 18.8%, pasta base con un
2.2% y clorhidrato de cocaína con un 3.3%. Respecto del consumo del último mes de
cualquiera de las tres principales drogas ilícitas, fue de 11.9%, siendo en marihuana, un 11.5%,
pasta base, un 1.3% y clorhidrato de cocaína, un 1.8%.
En las tres drogas ilícitas señaladas, hubo una mayor proporción de hombres que habían
consumido estas sustancias que en mujeres. En relación a consumo de marihuana en el último
año, por cada 100 hombres, hubo 85 mujeres. En cocaína, por cada 100 hombres hubo 78
mujeres que la consumieron y en pasta base, de cada 100 hombres hubo 69 mujeres que han
usado la droga.
Se constató un aumento de consumo a medida que los escolares tenían mayor edad o
ascendían en los cursos. El mayor incremento para marihuana fue de octavo básico a primero
medio y para pasta base o clorhidrato de cocaína, entre primero a segundo de enseñanza
media.
En relación a las drogas lícitas hubo un mayor consumo de alcohol y tabaco en establecimientos
particulares pagados, seguido de los particulares subvencionados y finalmente los
municipalizados.
En las drogas ilícitas el más alto consumo se detectó primero en los establecimientos
particulares subvencionados, seguido de municipalizados y finalmente particulares pagados.
El promedio de edad de inicio del consumo fue menor para tabaco, con 12.9 años, seguido de
solventes volátiles con 13.0 años; alcohol con 13.2 años; pasta base con 13.5 años, marihuana
con 14.4 años y cocaína con 14.8 años de edad.
Se construyeron 9 escalas que miden factores de riesgo y factores protectores. Las escalas de
factores de riesgo (a mayor respuestas positivas mayor consumo de las drogas) fueron: pares
consumidores, pares con problemas distintos al consumo, familia con problemas, problemas
escolares y conducta agresiva. En todas ellas hubo una asociación entre mayor consumo y
mayor número de respuestas positivas, siendo más fuerte la asociación en el caso de las drogas
ilícitas.Las escalas de factores protectores (es decir a mayor respuesta positiva menor consumo)
fueron: percepción de daño de la marihuana, preocupación familiar y acciones de prevención,
notándose una disminución del consumo, especialmente en las drogas ilícitas.
En relación al clima preventivo se observó que cerca de un 50% de los escolares tuvieron una
actitud de rechazo frente al consumo de pasta base o clorhidrato de cocaína, un 35% de
rechazo a marihuana y un 21% al consumo excesivo de alcohol. En cuanto a la actitud
favorable al consumo, esta fue de un 2.5% para pasta base o cocaína, 6.6% al consumo de
marihuana y un 5.1% al consumo excesivo de alcohol.
Se observó que un 50% de los escolares han realizado recomendaciones preventivas en el caso
de consumo de marihuana, pasta base o cocaína. En relación a alcohol este porcentaje baja a
40%.
Los escolares contestaron que aproximadamente un 40% de ellos han tomado decisiones
colectivas de no consumir alcohol en exceso o no consumo de marihuana, pasta base o cocaína.
En cuanto a la asociación de consumo y clima preventivo, la encuesta muestra que el consumo
es mas alto si se observa un clima de apoyo o neutro al consumo: 86.9% para alcohol, 47.4%
marihuana, 14.1% para pasta base y 13.5% en el caso de cocaína. El consumo desciende
claramente cuando se percibe un clima de rechazo al consumo: las prevalencias de vida fueron
54.3% para alcohol, 7.7% para marihuana, 3.7% para pasta base y 4.4% clorhidrato de
cocaína.
Al realizar el análisis comunal se observa que el consumo de alcohol y tabaco es alto y similar a
lo largo de las 62 comunas de las distintas regiones donde se llevó a cabo el estudio. Para el
caso de marihuana, las comunas que mostraron mayor consumo estaban en su mayoría en la
Región Metropolitana, presentando mayor consumo para el último año las siguientes comunas:
San Joaquín (30.6%), Pedro Aguirre Cerda (29.0%), Independencia (28.2%), San Miguel
(25.8%), y La Cisterna (25.8). En las otras regiones, las comunas de mayor consumo fueron:
Villa Alemana (25.2%), Quilpué (21.8%), Valparaíso (20.3%), todas ellas de la Quinta Región e
Iquique (20.1%) y La Serena (20.1%).
El consumo de clorhidrato de cocaína, a nivel comunal fue mayor en la región metropolitana: de
las 29 comunas que tuvieron cifras superiores al promedio nacional en relación a prevalencia
último año, 25 de ellas estaban en la Región Metropolitana, siendo las comunas de mayor
consumo: San Joaquín (11.5%), San Miguel (8.6%), Lo Espejo (7.1%), Huechuraba (6.6%),
Independencia (6.5%), Pedro Aguirre Cerda (6.5%), Recoleta (6.1%), y Peñalolén (5.5%). En
las otras regiones, las comunas de mayor consumo se ubicaron preferentemente en la Quinta
Región: Villa Alemana (3.6%), Valparaíso (3.4%), y Viña del Mar (2.4%), además de Rancagua
con un 2.7%.
Para pasta base las comunas de mayor consumo en el último año fueron: Cerro Navia (6.7%),
Iquique (5.6%), San Miguel (4.4%), Arica (4.3%), Coquimbo(4.2%), Cerrillos (4.1%), San
Joaquín(3.6%), Estación Central(3.3%).
Finamente al preguntar por la legalización de las drogas ilícitas más importantes, un 90% no
está de acuerdo con la legalización de cocaína o pasta base y un 65.3% es contrario a legalizar
la marihuana.

Crean centro para el tratamiento de adictos a pasta base de cocaína

Marzo 13th, 2006

Crean centro para el tratamiento de adictos a pasta base de cocaína

En dos años estaremos en gravísimos problemas, si continúa este ritmo de crecimiento en el consumo de pasta base”. El pronóstico pertenece al doctor Horacio Porciúncula, director de Programas Crónicos del Ministerio de Salud Pública. El problema obligó a una respuesta inmediata de las autoridades bajo la forma de un centro de atención a los consumidores de drogas, particularmente los adictos a la pasta base de cocaína.

El futuro centro de referencia funcionará en el Centro Nacional de Rehabilitación (ex hospital Musto), en poco menos de dos meses. La Junta Nacional de Drogas de la Presidencia articuló este nuevo organismo de asistencia ante el empuje “explosivo” del consumo de esta droga que suele crear usuarios altamente agresivos y propensos a conductas criminales. El presidente de la JND, Leonardo Costa, dijo a El País que hubo una plena coincidencia entre los titulares de los organismos involucrados en el emprendimiento, así como de la Suprema Corte de Justicia que también participó en las discusiones previas a la concreción de este proyecto.

Un ala del antiguo hospital de Colón, donde actualmente funciona el ambicioso programa de rehabilitación para reclusos, será enteramente destinada a la atención de los adictos. Se prevé contar con un total de 40 camas para dar cabida a aquellos usuarios de pasta base que, voluntariamente, accedan a someterse al tratamiento de desintoxicación que no durará más de un mes.

RESPUESTA. La irrupción de la pasta base de cocaína se constata sobre fines del año pasado en Uruguay. Pero no es sino hasta principios de este año que los efectos de su consumo abusivo comenzaron a hacerse sentir, tanto a nivel meramente asistencial como en el plano delictivo.

Fuentes de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) de la Policía Nacional indicaron a El País que la explicación de este cambio en la comercialización y consumo de drogas en Uruguay radica a su vez en cambio de las políticas de represión en los países productores. El severo control sobre los denominados precursores químicos utilizado para la conversión de la hoja de coca en clorohidrato de cocaína en Bolivia, hizo que los productores comenzaran a liberar la coca en su primera etapa de procesamiento. En ese estado llega lo que se conoce como “pasta base de cocaína”, una sustancia altamente tóxica y adictiva.

“Es necesario, sí o sí, tener una respuesta institucional para este problema”, señaló Leonardo Costa. La idea estaba en la mente de muchos médicos, técnicos y operadores tanto del sistema de salud como judicial–penal. “Hace aproximadamente quince días lo estuvimos conversando con gente de Salud Pública durante la firma de un convenio”, recordó Costa, “el comentario fue algo así como: ‘Tenemos que hacer algo con la pasta base’. Eso fue de mañana, por la tarde ya habíamos hablado con el Ministerio del Interior, con el Iname y después con la Suprema Corte, prácticamente todos nos pusimos inmediatamente de acuerdo. Creo que fue uno de los mejores momentos de mi carrera”.

El centro de referencia quedó virtualmente constituido, sólo resta la firma de los acuerdos entre los organismos involucrados en el programa. Desde el punto de vista institucional, el establecimiento dependerá del CNR, pero la dirección técnica estará a cargo de un comité integrado por representantes de la Junta Nacional de Drogas, Ministerios de Salud Pública, del Interior, Iname y el Centro de Investigación y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) de la Facultad de Medicina.

GRAVE. “Esta sustancia produce en seis meses alteraciones tan serias como el abuso de la cocaína en dos años”, explicó por su parte el doctor Horacio Porciúncula.

“Si sigue este ritmo de crecimiento, en dos años estaríamos en gravísimos problemas”, señaló el profesional, “empezamos a preocuparnos a fines del año pasado cuando empezamos a atender los primeros casos y ahora la avalancha es impresionante”.

El tratamiento de este tipo de consumo requiere de una infraestructura que actualmente existe en pequeña escala sólo en el Hospital Maciel, en el centro de farmacodependencia, o en el Hospital Vilardebó. “Hay que buscar un espacio de aislamiento para el usuario durante el período de abstención que permita generar un sistema de contención adecuado”, explicó Porciúncula. Este será, precisamente, el papel que cumplirá el futuro centro de tratamiento en el CNR.

El perfil de pacientes que atenderá el centro, explicó el jerarca médico, será el de los que actualmente consumen la sustancia: hombres jóvenes, de 16 a 30 años, provenientes de los estratos sociales más bajos.

“Hay que tener en cuenta el tipo de consumidor que tenemos —señaló—, se trata de una droga que se adquiere a muy bajo precio, incluso por lo que nos cuentan los pacientes que llegan a atenderse, las llamadas ‘bocas’están ofreciendo pasta base en la modalidad del ‘tres más uno’, es decir que venden tres dosis y regalan una. Esto da lugar a toda una serie de situaciones delictivas, ya que incluso los propios vendedores se convierten en adictos y llegan incluso a actuar como ‘reducidores’ de cosas robadas para conseguir más sustancia”.

Los usuarios generalmente provienen de ámbitos familiares desintegrados, pero cuando existe el entorno familiar éstos sufren mucho las consecuencias de la adicción. “Lo que esto genera es el imperio del ‘ya’, el ahora, no sólo en el usuario sino también en los familiares a los que el consumidor termina robando para conseguir dinero”, indicó Porciúncula.

La atención que debe recibir el usuario de pasta base es compleja. “Requiere de atención toxicológica, debido a las características de la droga; médica, por los efectos a nivel pulmonar y cardiovascular; psiquiátrico, porque muchas veces es necesaria la medicalización del paciente, y también psicológico y social”, indicó el médico.

La apertura de este centro, empero, ha contagiado de optimismo al profesional. “Por primera vez en muchos años siento que hay uniformidad de criterio entre los miembros de las distintas instituciones —dijo—, parece paradojal, pero una droga que disocia tanto, que divide tanto a la familia, ha generado la unión de visiones y pensamientos de personas de distintos ámbitos y colores políticos”.

“Una institución innovadora”

El director del Centro Nacional de Rehabilitación (CNR), el médico Eduardo Lenzi, dijo que veía con buenos ojos la iniciativa de crear un nuevo servicio de atención de adicciones con especial hincapie en los casos de “pasta base” de cocaína en alguna de las instalaciones disponibles del ex Hospital Musto. Lenzi dijo que desde se creación se pensó que el CNR podía dar cabida, dada la amplitud de sus instalacionees, a “fines complementarios” de su actividad central: la rehabilitación de jóvenes procesados por la Justicia Penal. Lenzi, quien bajo su responsabilidad tendrá la dirección general de todo el estableciminto, explicó que: “El nuevo servicio tendrá su plena autonomía técnica, pero se aprovecharán bajo una misma estructura los servicios de cocina, seguridad y mantenimiento comunes. El CNR pasará en poco a ser una institución compleja pero muy innovadora: tendrá un programa de atención a procesados, un programa de atención a procesados primarios, otro para procesados sin prisión y un servicio de atención a jóvenes con adicciones a sustancias. Hay mucho para coordinar y mucho para hacer. El país precisaba esto”.

RENZO ROSSELLO

http://www.elpais.com.uy/Anuarios/04/12/31/anua_ciud_132088.asp

Pasta Base en Río Bueno

Marzo 13th, 2006

Nos seguimos poniendo a tono con la modernización:

Río Bueno.- Nuestra comuna ha ido experimentando cambios notables en diversos ámbitos, producto del “desarrollo sin equidad” propio del sistema económico que hoy -y desde hace 32 años-, se aplica en Chile. Y la tendencia al incremento de los cesantes y marginados, de la pobreza y la delincuencia es, también, notable aquí como en el resto del país, aunque paralelamente se hagan esfuerzos por minimizar o “invisibilizar” estos aspectos.
Entrando en materia, una “evolución” (de signo negativo) es la que se aprecia entre algunos grupos de jóvenes que, del alcohol y la marihuana, han pasado al consumo de drogas mucho más destructivas, como la cocaína, en los sectores más pudientes y la pasta base, entre los más pobres. De la coca se sabe hace ya tiempo y hemos tenido en la ciudad connotados traficantes que han actuado -y aún lo hacen- a vista y paciencia de todos. Lo nuevo –y preocupante- es la llegada en forma más sistemática de la pasta base que, como se sabe, es un residuo de la elaboración de cocaína con elementos muy tóxicos, como ácido sulfúrico y parafina, entre otros.

Los mundos de la Plaza “21”
La plaza 21 de mayo es para algunos la más bonita de las (dos) que posee Río Bueno. Y paseo obligado para los niños, que acuden entusiasmados a los juegos infantiles que se instalaron hace unos años allí (y que –tema aparte- ya requieren de una urgente restauración). En este tiempo, cuando mejora nuestro clima, es característico ver a familias, parejas y paseantes disfrutando de la sombra y belleza de esta antigua plaza, con sus grandes araucarias, variedad de árboles nativos, su sencilla pileta, todo resguardado por el siempre atento busto de Arturo Prat y sus cañones. Pero el héroe de la Esmeralda no trabaja horas extras. Llegada la noche, el escenario se modifica drásticamente. Niños, parejas y familias abandonan rápidamente el lugar y comienzan a llegar los siguientes actores: grupos de jóvenes que se juntan a conversar, pololear, tomarse un “copete”…y otros menos inofensivos, que ya tienen a su haber una serie de agresiones y robos a transeúntes desprevenidos. Entre ellos, aparecen también los nuevos “consumidores” para fumarse un “mono” o un “marciano” (el primero es pasta mezclada con tabaco; el segundo, con marihuana). Obviamente no es fácil acercarse a ellos, menos aún en calidad de periodistas. Pero vencidos –o aplazados- los mutuos temores, el Carlitos (nombre que inventa para la ocasión) nos dice: “Na, puh. Aquí nos juntamos pa relajarnos y compartir una ‘bazuka’ (pasta base). Es que es rica y más bacán que la yerba. Altiro te deja terrible’e loco.”. La pasta es un polvo granuloso, blanquecino o amarillento, que se vende en ”papelillos”. Existen distintos tipos: “palo de rosa”, “blanca” y “café”. Carlitos dice que la compran en La Unión o que “de repente vienen locos de otros lados, que ya nos conocen. Si les asegurai una buena venta, se pegan el pique. No, puh, no sé cómo ubicarlos…O a lo mejor sé, puh, pero no pasa na’ con la prensa”- se ríe. No queda del todo claro si existe microtráfico en la ciudad. Según nuestro amigo, es poca la pasta que se ve en Río Bueno. Pero ya hay “locos pegaos (adictos) que transmiten en esa pura onda”. Consultado al respecto, el jefe de Investigaciones de La Unión, subprefecto Carlos Camino, señaló que su unidad no tiene como función específica el combate al narcotráfico, labor que corresponde a la Brigada Antinarcóticos de Valdivia. Agregó que en la labor que desarrollan, no han encontrado evidencias de microtráfico ni de consumo habitual de esta droga en Río Bueno. Sin embargo, recientemente la policía civil unionina colaboró en un decomiso realizado por los efectivos valdivianos en el cruce Los Tambores, requisando una camioneta con cocaína y pasta base destinada a la venta entre consumidores de esta ciudad y de La Unión.
La aparición del alcaloide en nuestras comunas resulta especialmente preocupante. La pasta base produce daño irreversible en el cerebro, es muy adictiva y tiene un efecto breve, seguido de un estado de intensa angustia que exige a sus consumidores adquirir nuevas dosis con gran frecuencia. Llega un momento en que son capaces de vender todo o de las acciones más desesperadas para juntar las “monedas” necesarias. Si bien en Chile, el consumo de pasta base alcanza a cerca del tres por ciento de la población mayor de 12 años (unas 200 mil personas), la estadística no nos sirve de gran consuelo si en Río Bueno ya tenemos jóvenes consumiendo esta basura, cuyos dañinos efectos se dejan sentir rápidamente tanto entre quienes la consumen, como en el conjunto de la comunidad.

Tráfico de Drogas en Colegios

Marzo 13th, 2006

Estudiante desnuda tráfico de drogas en colegios
Sin darse cuenta cambió la sala de clases por las calles. Desestimó la figura de sus profesores y padres para reemplazarlos por la de narcotraficantes y consumidores. Su vida se transformó en un frenesí de marihuana, pasta base y cocaína.

Así puede resumirse la precoz historia de Gonzalo, de 15 años, que a los 12 se inició en el mundo de las drogas. Perdió sus estudios en un colegio subvencionado y llegó a tal grado de adicción que la calle se transformó en su dormitorio durante las noches. Este joven relata que al no tener dinero para satisfacer su vicio comenzó a robar a sus propios compañeros elementos de valor, ya sea calculadoras o celulares, para saciar su ilícito apetito.

Clientes

Actualmente está en proceso de rehabilitación en el Hogar Crea, pero cuenta que el mundo de los traficantes está en directa relación con los delincuentes, quienes se ubican en las inmediaciones de los establecimientos educativos para captar a sus nuevos clientes y cometer los ilícitos.

Precisamente, reconoce que conoció la droga afuera de su colegio gracias a que inició amistad con los cuidadores de vehículos del lugar, quienes le ofrecieron marihuana a los 12 años y pasta base a los 13. Sin embargo, sostiene que dentro de su unidad educativa también pudo conseguir droga. Dijo que cayó en la típica trampa de los “narcos de poca monta”, la que consiste en desinteresados regalos de pasta base, los que después toman un precio cuando la persona se torna dependiente.

Robos

Después, ante la falta de dinero, se convirtió en un vulgar ladrón producto de su enfermedad, pues comenzó una rápida escalada de robos en su colegio, el que posteriormente abandonó.

En un liceo fiscal llegó a ser microtraficante pues obtenía dosis más altas, dejándose una ración para saciar su necesidad y el resto la comercializaba. Incluso dice que “es chico el mundo del narcotráfico, se conocen todos”.

Igual de dramático es el caso de un joven “limpia-autos” que cada día se para por algunas horas a limpiar los vidrios de los vehículos que llegan hasta un automarket de avenida Argentina. Este adicto dice que su madre tiene cáncer a la vejiga y debe reunir dinero para comprarle pañales.

Adicción

La única verdad es que el enfermo es el mismo, quien es adicto a la pasta base. Hubo esfuerzos por internarlo en el Hogar Crea, que rehabilita a estos enfermos, pero a los 10 días desistió.

En ese pequeño lapso en que hubo infructuosos esfuerzos por ayudarlo, escuchaba voces, veía sombras y espíritus, producto de su adicción, pero lo fundamental era su dependencia.

Un tercer caso es el de un joven mejillonino, quien cuenta con pena que prácticamente perdió a su familia, es decir, su pareja y tres hijos por culpa de la droga. Hoy sólo tiene el apoyo de su familia biológica, por lo que sólo quiere salir definitivamente del submundo que conoció.

Son tres historias marcadas por un vicio que convierte a la persona en una marioneta, pues no es capaz de desistir y negarse a la tentación, donde no tiene nada que ver el estatus social y los valores, sino que son personas que sucumben. Lamentablemente, de estos tres casos hay uno que no está en rehabilitación.

Fuente: El mercurio de Antofagasta, Chile, http://www.mercurioantofagasta.cl/

Policía detuvo a traficante de pasta base en la Tercera Región

Marzo 2nd, 2006

La Brigada Antinarcóticos de la Policía de Investigaciones de Copiapó logró detener a un individuo que pretendía comercializar cerca de 30.000 dosis de pasta base de alta calidad en la Tercera Región.

Los antecedentes reunidos señalan que H.A.L.S., de 27 años, recibía la droga en la ciudad de Vallenar luego que le fuera enviada por bus desde Iquique.

Una vez efectuado el trámite, el traficante la distribuía entre micro traficantes copiapinos.

La pasta base, avaluada en cerca de 60 millones de pesos, el imputado y los demás antecedentes serán puestos esta tarde a disposición del fiscal de turno.

Incautan más de 6 kilos de pasta base en Calama

Febrero 21st, 2006

Antofagasta.- Luego de varios meses de investigación, Carabineros y Policía de Investigaciones de Calama lograron incautar seis kilos 575 gramos de pasta base escondidas en cajas y tambores al interior de una parcela en dicha ciudad.

Durante el procedimiento se detuvo a dos chilenos mayores de edad, el primero era el cuidador del predio agrícola donde se encontró la droga, ubicado hacia la entrada sur de Calama; mientras que el segundo, fue sindicado como el dueño del producto ilícito.

La droga estaba destinada ser distribuida entre los consumidores de Calama, aunque Carabineros no descartó la posibilidad que el cuidador de la parcela haya sido un distribuidor del producto.

El fiscal a cargo de la causa, formalizó la investigación por narcotráfico contra ambos individuos y solicitó la prisión preventiva.

El Juez de Garantía accedió a la petición del fiscal y dispuso la reclusión de los imputados.

Chile

Duro golpe al tráfico de pasta base en Antofagasta

Febrero 18th, 2006

Carabineros decomisó 101 kilos de pasta base de cocaína al detener a un sujeto que conducía un camión con la droga oculta en el acoplado, en las inmediaciones del aeropuerto Cerro Moreno de Antofagasta.

El hombre fue identificado como Luis Fernando Riquelme Morales, quien entregó importantes antecedentes al Juzgado de Garantía de Antofagasta y a la investigación que realiza el fiscal Francisco Soto.

Riquelme, explicó que en el mes de marzo del año 2004 se dirigió hasta Arica, como lo hacía habitualmente, con un cargamento de cebada. Explicó que el camión era de su esposa y que el acoplado le pertenecía.

Agregó que el día 15 de marzo mientras se encontraba en el centro de Arica, fue abordado por dos sujetos extranjeros, cuya nacionalidad no pudo distinguir pero que por sus rasgos podrían ser bolivianos o peruanos, quienes le propusieron trasladar hasta la zona central un contrabando de especies.

Aseguró que aceptó el trabajo pensando que podrían ser productos electrónicos, o algo parecido, pero que no se imaginó que lo que trasladaría sería droga. Fue así como estas dos personas se llevaron el acoplado, colocando en su interior el cargamento de pasta base de cocaína.

La droga fue detectada en un control que practicó el OS-7 de Carabineros en las cercanías del mencionado aeropuerto antofagastino, contando en esta oportunidad con el apoyo de un perro especializado en la pesquisa de narcóticos, “Faraón”, de raza Golden Retrivier.

El imputado dijo que no conocía ni a los financistas de esta operación ni a las personas a las cuales iba destinada la droga en Santiago. Por este mismo delito hay otras personas imputadas, y el defensor privado que los representa concurrió a la audiencia de declaración judicial.

El procedimiento que involucró a dicho conductor es uno de los más importante detectados en la última década en la zona y que se relaciona con el tráfico de droga a gran escala.

Los efectivos policiales con la ayuda del can, detectaron el paso del camión que transportaba en un piso falso del acoplado un total de 101 kilos de pasta base de cocaína, droga avaluada en el mercado ilegal en unos 250 millones de pesos.

Encuentran cinco kilos de pasta base en baño de comisaría

Febrero 6th, 2006

En Antofagasta, casi seis kilos de pasta base de cocaína fueron encontrados en el baño de una comisaría. La policía uniformada anunció una investigación interna para aclarar el hallazgo.

Revuelo hay en Antofagasta por este hallazgo. El hecho quedó al descubierto tras el tradicional cambio de guardia en horas de la mañana de este 2 de febrero, cuando una carabinera encontró un extraño bulto envuelto en papel y cubierto con un paño.

Según el fiscal adjunto, Francisco Soto, “se emitió una orden de investigar a la sección especializada, en este caso el OS-7 de Carabineros de la ciudad de Antofagasta, con el objetivo de que establecieran el origen de la sustancia hallada e identificar a los partícipes del mismo”.

Carabineros entregará los antecedentes del caso al Ministerio Público para aclarar el hallazgo de esta droga.

Para el prefecto de Antofagasta, coronel Carlos Ruiz, “obviamente que se va a establecer una investigación interna. Determinar a lo mejor responsabilidades administrativas, que son absolutamente diferentes a la investigación que hace la Fiscalía local”.

En los dominios del “Paco”

Febrero 5th, 2006

Destructiva como pocas drogas, está causando estragos en zonas marginales de la Capital y en el conurbano bonaerense. Testimonio de quienes consumen y trafican esta sustancia.

Patricio no recuerda el día ni la hora, ni siquiera si fue por la mañana o por la tarde. Estaba en una casilla de tres por tres: cinco chapas oxidadas con algunos agujeros de 9mm. por los que la luz entraba como navajazos. Había otros pibes: seis pibes y dos pibas. Quién sabe cuántos pacos habían fumado. A veces, Patricio miraba por los agujeros; afuera había unas sombras violáceas; se movían; alguien iba a llegar para matarlo o algo así.

Eso recuerda. El espacio, los verdugos imaginarios, los gritos… ¿Era su padre el que gritaba? ¿Estaba ahí? Sí, era el padre, Omar. Había llegado corriendo a la villa Mitre, en Berazategui, esa mañana o esa tarde.

Esa tarde. Sí. Ahora se acuerda: fue a las cinco de la tarde. Patricio había entrado en esa casilla astrosa la noche anterior. Compró 50 pacos con los 50 pesos que llevaba en la billetera; después cambió las zapatillas de 120 pesos por 15 pacos; finalmente entregó la remera. Ahora sólo vestía bermudas. Pero tenía un poco de base. Uno más. Fumó el último, antes de que el padre lo sacara de ahí. A palazos.

El paco, o pasta base de cocaína, provoca eso: una ansiedad desesperada por consumir más. En pocos segundos -entre ocho y cuarenta-, este sulfato de cocaína lleno de solventes tóxicos llega al cerebro. Pero el efecto, estimulante, no dura más de cinco minutos. Y los adictos quieren más. En pocas semanas se les empiezan a notar las costillas y los ojos se les hunden en unas cuencas grandes y cenicientas. Es como si en lugar de chupar el humo por ese caño, el caño succionara todo lo que hay entre los huesos y la piel.

Estos adictos ingrávidos hacen cualquier cosa para conseguir más paco: venden lo que encuentren en las casas propias y ajenas. Roban. El Ministro de Seguridad de la provincia, León Arslanian, había dicho que el número de menores que delinquen es cada vez más elevado y que la influencia del paco era evidente.

Ana De Imperio, que trabaja con adictos en el Centro Provincial de Atención a las Adicciones (CPA) de Berazategui, coincide en este punto: “Esta droga sí te manda a robar. Y aquí no hay cargas ideológicas. La desesperación es tal que los adictos venden lo que encuentran y cuando no tienen nada para vender, roban”. En la Argentina, sobre todo en el conurbano bonaerense, cada vez son más los paquistanes, paqueros, fantasmas, muertos vivos: cualquiera de estas denominaciones les cabe a los consumidores de paco. La Segunda Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media realizada por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) dice que, en el universo de las drogas ilegales, el consumo de pasta base es el que más aumentó en los últimos cuatro años entre los estudiantes secundarios: un 200 %.

El trabajo se hizo en 586 escuelas de todo el país, y el cuestionario fue respondido por 62.700 chicos de 13, 15 y 17 años. Estos números proyectan una base de unos 950.000 adolescentes.

La encuesta dice que el 2,5% de los estudiantes probó pasta base alguna vez en su vida; esto es: 23.750 chicos. Que el 1,4% -13.300- ha consumido en el último año. Y que en el último mes fumó esa droga el 0,9% de los adolescentes contemplados en el trabajo de la Sedronar; son 8550 estudiantes.

Estos van a la escuela. Pero hay otros que no. Según la secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones de la provincia, unos 70.000 jóvenes de entre 16 y 26 años probaron paco en el conurbano bonaerense.

Esas son las cifras oficiales. Abajo están las historias de estos sujetos indómitos que miran el infierno desde palcos de proscenio, y a veces son ellos los observados por otros sujetos iguales. Dicen que en las fiestas se murieron tres chicos por el paco en Berazategui y otros ocho en Ciudad Oculta.

Lo dicen en el CPA de aquel distrito. Allí está Patricio. Patricio, de 21 años, cuenta su historia. Una historia con robos de autos que después vendía a 400 pesos, noches de locura, un tiro del 38 en la espalda que casi terminó con su vida, un compañero preso al que traicionó.

Después empezó con la pasta base. Eso fue hace un año y medio. Ahora dice que quiere dejar. No sabe si va a poder. Hace poco tuvo una recaída. Fue en esa casilla. Ese día había fumado con “una pipa hermosa”, de aluminio y cobre. Después llegó el padre.

“Estaba reduro -dice Patricio-. Escuché la voz de mi viejo y di la última seca. Mi viejo entra y agarra una pala y me empieza a dar en el espalda. No sentía nada. Reduro, estaba”.

Los de la casilla de chapa, que está en el fondo del terreno de un transa (traficante), siguieron allí: unos cuerpos amarillos o grises, consagrados a la tarea de chupar por esos caños, y entonces conceden el humo caliente que mandan al cerebro las propiedades de un alimento único para sobrevivir.

Transas y fumaderos

En la zona sur del conurbano, casi todos los transas tienen un fumadero en el fondo. LA NACION habló con mucha gente de El Bajo, en Berazategui. Todos conocen a los transas: El Tabi, El Babi, El Loro, El Gordo, La Caniche, La Pochi, El Pupi, El Peque, El Manga, los hermanos El Pali y El Lucho. El Lucho está muerto, lo encontraron con la pipa al lado, y El Manga anda por ahí, con una escopeta recortada escondida bajo un sobretodo mugriento. “El Manga está limado. Se cree que es Steven Seagal”, dice un sujeto esmirriado con la mitad de los globos oculares afuera de sus órbitas.

El sujeto esmirriado tose y cuenta que los transas “compran la base en la villa Los Alamos, en lo de los peruanos, en lo de La Carmen. Todos saben quién es la Carmen”. Acá todos saben quienes son todos.

LA NACION habló con uno de estos transas: El Peque, que trabajaba con El Lucho, que una vez estuvo dos semanas sin dormir, de tanta pasta base que fumó. El Peque, de 29 años, empieza perorando una serie de subterfugios. El paco fue lo peor que le pasó. Fueron las juntas, amigos capciosos, los que lo hicieron caer. Esas cosas.

Después dice la verdad: “Le llegué a vender a pibitos de 11 años. Te sentís poderoso. Tenés un arma, fumás lo mejor, tenés todas las minas. Se te regalan por un paco. Hay pibitos que te tiran la goma por un paco. A esos los esquivo. Sos poderoso. Llegué a ganar 130 pesos por día. Eso, sin contar lo que fumaba, porque yo fumaba gratis. Te traen de todo: televisores, computadoras, armas… Todo por un par de bases. Sabés si hubiera ahorrado…”

Verónica, de 20 años, conoce al Peque. Van al mismo CPA. Seguro que también conoce a los otros transas, pero baja la mirada y no dice nada al respecto. Dice que fumaba más de 100 pacos por día. Tenía los labios partidos. Pesaba 40 kilos. Escupía pedazos de pulmón. El humo que aspiraba estaba formado por diminutas partículas filosas y ardientes que desgarraban los pulmones y después una náusea extraña empujaba hacia afuera esos pedazos gris oscuro.

Vivía en Plátanos, Verónica, cerca de una villa miseria muy pequeña. En esa villa vive un matrimonio amigo: “Ella está embarazada de cinco meses y fuma con el nene en la panza. El otro día, él estaba raspando la pipa. Como no tenía más paco se iba a fumar la cera que queda en la pipa. Te rompe la cabeza. Yo fumaba con ellos”.

-¿Qué sentías?

-No sé. Te salta el corazón. O se te para. Sentís cuando se te para el corazón. Te asustás y pensás que te vas a morir. A veces fumaba sola y, mientras me miraba en el espejo, todo alrededor de los ojos se pone amarillo y después los ojos brillan. Escuchás el riudo de las hojas. Te asustás. Todo te asusta. Menos la gente que fuma.

En septiembre -cuenta Verónica-, fue caminando desde Plátanos hasta El Bajo. Caminó dos horas. Entró sola en la villa. Consiguió la droga. Se la vendió un tipo que parecía una lagartija. “Fumé en la calle. Había cinco patrulleros. Los policías fuman paco. Están perdidos. Había un pibe tirado con la boca llena de espuma. Debe haber muerto”, dice.

El Peque también afirma que hay policías que fuman paco. Y en el CPA de Berazategui reconocen que algunos uniformados hicieron consultas.

Hay otros policías que no consumen pero hacen negocios con los transas. Asuntos Internos inició esta semana una investigación para determinar si policías de Bernal, en Quilmes, y de Dock Sud, en Avellaneda, les cobran a los vendedores para no detenerlos y, en cambio, arrestan a consumidores para que no bajen las estadísticas. Eso contó a LA NACION una fuente con acceso a tales investigaciones.

Así es este conurbano que huele a cloaca, basura fermentada y plástico quemado. Los límites son imprecisos. Las experiencias se confunden. Los quioscos no venden golosinas. El negocio, ahora, son los encendedores. Los paqueros necesitan encendedores. Es legal vender encendedores.

El Sur, dominio del paco

El sur del conurbano: este es el territorio donde el paco está haciendo más estragos, aunque también está en la Capital y en otros lugares del Gran Buenos Aires. Sobre todo, en las villas populosas de laberintos inextricables al lado de las autopistas. Lo sostiene el ministro de Salud de la provincia, Claudio Mate. Y suelta esta sentencia: “El que fuma paco, es adicto”.

La especialista De Imperio explica: “No hay usador y abusador de paco. Una vez que empezaste, ya está”.

Jorge Franquet, psicólogo del CPA de Berazategui, dice que los adictos llegan a fumar cien pacos en una noche. Los fuman con un cañito de metal envuelto en cinta adhesiva, para no quemarse los labios; adentro colocan virulana o alambres de cobre y ceniza, para contener la droga.

Casi todos los que están en este CPA son adictos al paco. Las cosas no son muy distintas en Quilmes. Allí hay dos villas dominadas por el paco: Los Eucaliptos e Itatí. En estos barrios, el paco se vende a un peso o dos, según la calidad de la droga. Pero los adictos, en verdad, no saben lo que fuman.

En una serie de procedimientos que hizo Dirección General de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas de la policía bonaerense, comandada por Hugo Saúl Fernández y Luis Allamprese en las villas Los Alamos, Los Eucaliptos e Itatí, se descubrió que los transas vendían clorhidrato de cocaína en lugar de sulfato de cocaína: la pasta base.

Gabriel Abboud, del área de lucha contra el narcotráfico de la Sedronar, dijo: “Esta es una zona gris. El paco es distinto según el lugar en el que se lo compre. Puede haber pasta básica o clorhidrato mezclado con solventes o un mix de porquería. Ellos consumen algo, pero no saben qué”.

No importa. A este muchacho intoxicado de pelo naranja y dentadura incompleta y llena de sarro que vive en la villa Itatí no le importa qué es lo que ahora va a fumar. Saca del bolsillo unos pequeños papeles de diario doblados. Los abre. Adentro hay un polvo blanco. No le tiemblan las manos cuando con el cañito de metal junta el polvo. Se sienta en un rincón oscuro de la casa. Aprieta los maxilares. Mira con rudeza impostada, penosa.

La casa es precaria pero de material. Afuera, una nube gruesa tapa el sol de las cuatro de la tarde, pero no logra neutralizar este calor brumoso de verano. Se oyen voces que provienen de la calle, bueno, de un pasillo de tierra dura; un grupo de niñas juega a la mancha. A unos cincuenta metros está la calle Pilcomayo. Hay una rambla con los pastos crecidos y caballos y pequeñas montañas de prolífica basura recalentada, con un olor filoso que lastima el aire. Dicen que aquí, en la villa Itatí, viven 50.000 personas.

La llama palpita, le tiñe el rostro anguloso de naranja, sus ojos se clavan en el fuego. Chupa del caño. La mirada cruje de terror. Debe pesar una tonelada, ese pensamiento, porque su cuerpo se encoge en ese rincón oscuro. “Te perseguís. Pensás que te van a matar”, dirá más tarde.

-¿Y entonces por qué fumás?

-No sé… Es como un vicio…

No sabe. Tampoco sabe Sara María Cabral -que también vive en Itatí- por qué sus hijos Oscar, de 24 años, y Jonathan, de 17, son adictos “a esa gilada”. Jonathan es el que más fuma. Era un pibe lindo, dice la madre, y ahora está tan flaco. Es ése que está ahí en el triángulo de Bernal, limpiando los parabrisas de los autos. A veces también roba. A veces no: casi siempre.

Oscar no fuma tanto. Casi no puede caminar. Aspiró pegamento desde los 14 años, hasta que las piernas dejaron de funcionarle y lo internaron. Ahora camina con pasos cortos y trémulos. “A la droga hay que consumirla, no hay que dejar que te consuma a vos. El paco te saca el hambre. El viernes me fume 30 o 40 pacos. Pero después fumo marihuana, que te da un hambre”, dice Oscar.

La madre asiente. Parece tranquila. Es como si asumiera esta derrota como una certeza. Como si detrás de las cosas claras estuviera, siempre, la tranquilidad. Una vecina, Gladys, cuenta que se separó de su marido, de 42 años, porque fumaba -aún fuma- 200 pacos por día. También lo cuenta con una naturalidad atroz.

Ambas saben que acá a la vuelta venden paco. Esos chicos de más allá son paqueros. Ven esa chica, tan delgada, está perdida. Los tres de gorra que están tirando piedras a los caballos también fuman. Son buenos chicos. Chicos chicos. El rubiecito tiene 13 años. La otra noche le robó a su maestra. La arrastró por el piso. Al otro día le devolvió la billetera y le dijo: “No, seño, yo no fui. No sabés cómo te quiero”.

Por Ramiro Sagasti

Una peligrosa droga de iniciación

El paco, o pasta base de cocaína, se está conviertiendo en la droga de iniciación de los chicos del conurbano bonaerense. “Consumen hasta chicos de 10, 11, 12 años. Antes empezaban con el alcohol, la marihuana, el pegamento. Ahora, con el paco”, dijo a LA NACION Ana De Imperio, que trabaja con adictos en el Centro Provincial de Atención a las Adicciones de Berazategui (CPA). Aquí, el 70% de los jóvenes que atienden es por consumo de esa droga, que es cocaína en proceso de elaboración. En lugar de ser clorhidrato es sulfato de cocaína.

Además de los alcaloides, la pasta base tiene solventes, como querosén o nafta, y ácidos (benzoico, sulfúrico, clorhídrico), entre otros elementos. Esta mezcla, que a su vez es cortada con otras sustancias, es altamente tóxica.

“Estos químicos están destruyendo a los adictos. Son como el tolueno del pegamento, como la nafta”, indicó Gabriel Abboud, de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar).

El paco enseguida daña el cuerpo de los adictos: el sistema nervioso central, el sistema respiratorio, el sistema cardíaco. “A los seis o siete meses, empiezan a pedir auxilio. El daño es tan elocuente, que vienen más rápido que con otras drogas”, dijo a su vez el psicólogo Jorge Franquet.

Así es la llamada droga de los pobres. Pero Franquet hizo una aclaración al respecto: “La gente se confunde. El paco no es una droga barata. Está bien: cuesta un peso, pero nadie fuma sólo uno. Fuman, como mínimo, 30. Algunos, más de 100″.

El ministro de Salud de la provincia, Claudio Mate, explicó que con esta droga tuvieron que modificar los dispositivos de trabajo. “Habíamos reducido de ocho a cinco años el período en el que el paciente empieza a consumir y pide tratamiento. Pero eso era para drogas tradicionales. Con el paco es distinto. Una persona que hace cinco años que consume paco tiene muy bajas posibilidades de recuperación, si llega a cinco años”.

La devaluación y el paco

Mate agregó que el fenómeno de consumo de la pasta base emerge en 2002, después de la devaluación. Y consideró que ese fenómeno “se explica más desde el lado de la oferta que desde la demanda. Ahora es más rentable para los traficantes vender paco en la Argentina y cocaína en España. Las situaciones sociales en particular no explicarían por sí solas que se vuelque un mercado hacia el paco”.

Los especialistas coinciden en que, desde 2002, el consumo de paco aumentó. De acuerdo con las estadísticas de la Sedronar, en 2002 las fuerzas de seguridad de todo el país secuestraron 76 kilos de pasta base; en 2003, 74; en 2004, 66,5, y en 2005, 103. Vale una aclaración: las mismas estadísticas dicen que en 2004 se secuestraron unas tres toneladas de clorhidrato de cocaína y en 2005, cinco toneladas. El dato no es menor, ya que hay traficantes que reducen el clorhidrato con solventes y lo hacen pasar por paco..

En los últimos seis meses, sólo en la Capital, la Policía Federal secuestró 57.182,5 gramos de pasta base; aunque 56.135 gramos fueron incautados en un laboratorio, por lo que los investigadores creen que la droga estaba allí para su procesamiento final; es decir, para obtener clorhidrato de cocaína.

El ministro de Salud reveló que fue la pasta base la que “generó la discusión por la desfederalización de drogas, por la gravedad y elocuencia del daño que produce el paco”.

Como solicitó el gobernador Felipe Solá -que el jueves pasado se refirió al paco para afirmar que “está matando a una parte de nuestra adolescencia en los lugares más humildes porque es una droga muy barata”-, la ley que desfederalizó el tratamiento penal contra el narcotráfico está en vigencia desde el 12 de diciembre último. Se iniciaron, desde entonces, 1724 expedientes judiciales por tráfico de drogas y sólo el 3% de esas causas es por pasta base, informó la procuradora General de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, María del Carmen Falbo.

Estos datos no parecen ajustarse a la realidad que se vive en el conurbano bonaerense, donde todos hablan del paco. De acuerdo con un colaborador de la funcionaria, Falbo estima al respecto que no son efectivas las investigaciones para detectar los puntos de comercialización de esta droga.