No se trataba de tallarines, ravioles o lasagna.

Marzo 30th, 2006

Dos cholitas de humilde condición se indigestaron con pasta. No se trataba de tallarines, ravioles o lasagna, sino de pasta base de cocaína envuelta en decenas de tabletas de plástico que las mujeres pensaban transportar en sus cuerpos a la ciudad de Santa Cruz.

El caso fue dado a conocer ayer por el director ejecutivo del Hospital Clínico Viedma, Gastón Osorio, quien expresó su preocupación por el estado de salud de las intervenidas que se encuentran en terapia intensiva. No era para menos, a una se le reventó un paquete en el cuerpo y a la otra sólo una parte.

Una de las mujeres es menor de edad, tiene 15 años, por lo que se mantiene en reserva su nombre; la segunda fue identificada como Rosa Franco Poma, de 36 años, cuñada de la adolescente.

Los hechos

El primer caso que se reportó fue el pasado martes a las 18:00 horas y correspondió a la menor de edad, quien se internó por su cuenta en el nosocomio y sin mostrar malestar alguno.

“La muchacha no manifestó ningún tipo de malestar, pero si temor ya que explicó que había tragado 112 tabletas de pasta base de cocaína y que las tenía desde hace más de 24 horas en su cuerpo”, declaró el director del hospital.

El informe médico da cuenta que a la joven mujer se le extrajeron en total 12 tabletas por la vía rectal, gracias a lavados estomacales, y 99 fueron extraídas luego de abrirle el intestino grueso mediante una cirugía (laparotomía) que le practicaron a las 23:00 horas del pasado martes.

“Sacamos una a una las tabletas, pero constatamos que una había reventado. La muchacha se encuentra en terapia intensiva, su estado es crítico”, expresó el director.

Con relación a Rosa Franco Poma, se supo que ésta se internó día antes a su joven cuñada; sin embargo no pasaron más de 24 horas para que ella siga sus pasos ya que también ingirió 64 pastillas de pasta base de cocaína.

Rosa Franco se internó ayer a las 16:30 horas mostrando síntomas de intoxicación e, igual que su cuñada, fue intervenida quirúrgicamente para extraerle los pequeños paquetes de plástico semi-cilíndricos. En total se contabilizaron 64 tabletas; una de ellas estaba reventada, señaló el médico.

Uno de los toxicólogos del hospital confirmó que en el cuerpo de las mujeres se halló pasta base de cocaína. Se estima que cada paquete (de 20 x 0.8 milímetros) contenía entre 4 y 5 gramos de la substancia, lo que significa que ambas iban a trasladar más de medio kilo del narcótico.

De momento, ambas mujeres reciben respiración artificial y suero para desintoxicarlas; sin embargo una vez restablecidas tendrán que responder varias preguntas en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico.

Felcn ya toma nota del asunto

Los efectivos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) ya tomaron nota del referido caso de las cholitas, más conocido en el mundo del tráfico de drogas como “tragonas”, por lo que sólo esperan que mejore el cuadro clínico de las intervenidas, informó ayer el director ejecutivo del Hospital Clínico Viedma.

El médico indicó que, por tratarse de un caso que está ligado a substancias controladas, correspondía dar parte a la autoridad pertinente aunque muchas veces es innecesario ya que ellos realizan una supervisión permanente de estos casos en los diferentes nosocomios de la ciudad.

Se estima que la recuperación de las mujeres pueda prolongarse hasta dentro de 48 horas más, vale decir hasta este viernes. De momento, reciben respiración artificial en la sala de terapia intensiva, donde se prohibió el ingreso de los medios de comunicación.

Las substancias controladas extraídas a Rosa Franco serán entregadas hoy a la Felcn ya que son prueba del delito estipulado en la Ley 1008.

Pasta Base

Marzo 28th, 2006

Mirá, te digo algo :La pasta base es una droga de las pesadas, de las que van para arriba .Yo, ex adicto a la cocaína te cuento que al haber tanta merca de baja calidad empecé a curtir pasta base.
A mi la pasta base me re pega mas que lo antes nombrado y en menos tiempo.
Estoy seguro que si te gusta la merca , la pasta base puede llegar hacer tu patrona.
Al principio como sin darme cuenta me enganche y me re copaba, me copa.
Yo tome varios tipos de drogas, esta es la única que no puedo dejar y eso es un garrón.
No soy libre. No disfruto de todos mis momentos.
Se me van las ganas de hacer música y de acariciar a mis perros.
Eso es una impotencia muy grande y encima me doy cuenta que no puedo parar. Es como estar muerto, porque en mi ser esa droga hace que me aislé de todo, y ¿sabes que? .Hay veces que es lindo desconectarse de todo, pero al final terminas pisando el planeta tierra en algún momento, por mas dosis que te des o por mas días que estés en el mambo.
¿Y sabes que ? .Si vivimos en la tierra, estemos en la tierra. Yo no se cual es el motivo por el cual soy adicto a esto.¿Soy uno mas que te da un sermón, no ?… pero sabes que chabón?. Tengo todo el derecho porque se lo que hablo, soy un experto en este tema, y lo digo con toda mi vergüenza.
Veo que la gente que curte con pasta base, se queda en el tiempo biológico,y en el afectivo también.
Hace un tiempo que vengo diciendo que la base me gusta tanto que la odio.
Obvio, esto fue después de pasar los 6 años como usuario. Mirá chabón , la base es la muerte, y si te querés morir, probala o seguí fumando.
Creo que lo sabes pero no te das cuenta , o por ahí te das cuenta y no hay motivo que suplante ese momento loco que con la experiencia que tengo te digo que es re negativo.
Yo no me recupere ni se como voy a hacerlo, pero desde ahora me drogo porque no soporto que me
vean en ese estado ni tampoco soporto sinceretas o palabras que se apilan sin sentido.
Hoy puede ser tu ultimo día de paso por este planeta. Mataría que lo disfrutes. Ese es mi deseo (acordate que no miento)
cruzando este hermoso planeta sin careta y sin saber nada. Pero siempre soñando con la paz que es el
primer equilibrio que tenemos que aprender.

Mucha pasta

Marzo 28th, 2006

Los adictos al paco han perdido el rumbo, pero no se quieren bajar. Habitan más allá de los márgenes y andan caminando encorvados, vestidos con huesos vivos. Un cronista del NO recorrió ese lugar donde todo va a parar a la balanza y las redes de contención se rompieron hace rato.

Les dicen “San la Muerte”. Están flacos, raquíticos, sus caras están chupadas, caminan encorvados y los brazos les cuelgan casi hasta la rodilla. No les queda nada, muchas veces venden hasta su propia ropa, los sueños los vendieron hace rato. Parecen linyeras, no se bañan. El paco o bazuco, la gilada o la base, la porquería: así le llaman a la droga más adictiva, mortífera y barata del momento, así vivan en Retiro, Lugano, Mataderos, La Boca, San Telmo, Versalles, Devoto o Abasto. No importa el territorio. Todos saben de qué se trata. Julio Denis tiene veintipico de años, la cara huesuda, sus ojos marrones revolotean, fuma un tabaco tras otro, no para de hablar y en esa catarata de palabras increpa a su amigo Facundo por ser adicto al paco. Tiene bronca y dice que los pibes se están matando, que así como están no sirven para nada más que para regalarle guita al transa. “Muchas veces vimos cómo llegan a transar una parrilla para hacer asado, roban la ropa que cuelga de la soga en un patio o alguna mascota, un perro o una tortuga”, relata al NO Julio, en una charla con adictos y consumidores ocasionales de la pasta base, en una de las 10 mil casas de la villa 31, a metros de la city.

“Decile la que hacés vos”, escupe Julio a Facundo Salinas, sentado a su lado en una silla de plástico blanca. Facundo mide casi un metro setenta, pero no se nota a simple vista porque tiene la posición de un adicto crónico, la espalda encorvada. El aspecto estético de Facundo no es de linyera, pero se acerca. Lleva puestos unos jeans oscuros, remera corta y unas alpargatas bastante sucias. Su pelo marrón clarito es corto. Tiene un par de ojos grandes y desconfiados que observan con importante lentitud; a cualquier desconocido le generaría temor. Su amigo Julio dice que está muy flaco. “Tocale las piernas y te vas a dar cuenta.”

Es un día medio nublado. A la noche llovió sin cesar, así que el asentamiento está lleno de barro. Con el tereré de por medio, unos cinco adolescentes se reúnen a conversar con el NO. “Muchas veces me peleé con amigos míos por el paco. Vendí muchas cosas y hasta le regalé dólares al transa”, balbucea con la boca apenas entreabierta y sus labios secos Facundo Salinas, que mira sin pestañear desde su silla y a menos de un metro de distancia. “Tengo 23 años y desde los 14 que fumo base. Estuve internado. Mucho tiempo le di a la bolsa de poxi, llegué a tomar merca por un puntero; él sintió que me tenía que regalar algo por todo lo que le compraba. Ahora fumo nada más que base”, atina a decir Facundo, que trabajó por mucho tiempo abriendo puertas de los taxis. Era su única entrada económica lícita, hasta que lo corrió gente de seguridad por robarle a un turista. “Venía de hacer $ 1,50 en tres horas. Tenía mucha bronca cargada y ganas de paco. Cuando veo que un tipo en su bolsillo tiene una billetera abultada y un bolso colgando. Entonces lo laburé. Por allá ya no puedo pintar. Todo lo que laburé se lo di a un transa para paco.”

El comienzo

Algunos, muy pocos, empiezan a los nueve años, aunque la mayoría de los consumidores anda entre los 14 y los 25 años. Ellos, los zombis, los que curten una piel negra, labios quemados y ropa zarrapastrosa, se mantienen lejos de los ojos de los medios de comunicación. Ellos, los flacos, no toman el subte porque no van a ninguna parte, más que a la casa de los transas o a robar a sus vecinos. Ellos, los adictos al paco, no se preocupan por rendir materias en febrero porque no van al colegio. La escuela de la calle los aniquiló. No son vistos por turistas, la comunidad internacional no pide por ellos, no tienen la prensa de los presos de Guantánamo; pero sí cuentan con sus familiares, amigos y conocidos del barrio que los ven destruidos, y que también hablan con el NO. Sus amigos se preocupan por ellos, pero no saben cómo ayudarlos.El paco es, concretamente, pasta base de cocaína que se obtiene en uno de los primeros pasos de la elaboración. “En este momento, la sustancia está mezclada con carbonato potásico, querosén y ácido sulfúrico, por lo que no es apto para consumo humano. Cuando te pegás por un peso, te estás metiendo todo esto más el corte del puntero de turno”, cuenta el folleto que entrega Gustavo Hurtado, quien forma parte de una asociación que anima políticas públicas basadas en la reducción de daños por el uso de drogas. La Asociación de Reducciones de Daños de la Argentina (ARDA) y la productora de rock María Libre elaboraron este folleto en el 2004 junto a adictos al paco, entre ellos el cantante de Intoxicados, Pity Alvarez.

“La base es un cuadradito, de color amarillo y tiene olor a plástico quemado cuando se fuma”, cuenta Lorena Padín, que de vez en cuando consume paco. Lorena no llega a los 20 años y ya probó marihuana, cocaína, éxtasis (“una sola vez porque es caro”, dice) y muchas veces pastillas mezcladas con vino. Lorena tiene unos kilos de más, es morocha y con una sola trompada voltearía a cualquier que intente propasársele. Ella explica con sus manos cómo se arma la pipa para fumar una dosis de pasta base. “Un cañito que atraviese una tapita de gaseosa, arriba tapado con cenizas y una bolsa, con el paco adentro. Listo para pitar y en diez segundos volás. El efecto dura minutos y te pone vicioso.” Ella está de acuerdo con los robos (“¿qué otra queda?”), de hecho lo hizo un par de veces junto a sus amigos, aunque trabaja de otra cosa, pero no dentro de la villa.

Caminando hacia afuera se siente como si fuese la salida de un country empobrecido. Lorena y su prima, Natalia Ponce, una madraza bonita y algo soltera (porque su novio está privado de libertad), explica que las zonas atravesadas son terreno de diferentes bandas (los violines, los larvas, los transas) y dice que “los narcos prefieren tenerlos con una birome en la mano porque de esta manera ningún otro garca les caga su laburo”. La 31 tiene seis décadas de vida. En estos años, muchos inmigrantes de países limítrofes fueron asentándose, además de familias de Fuerte Apache. “En el ‘78, antes del Mundial, los milicos sacaban a los habitantes, los mandaban en camiones a provincia de Buenos Aires. En ese entonces, 40 familias se mantuvieron en el lugar”, agrega Nélida Blanco, quien conoce un poco de historia.

El interior

Las calles interiores de la 31 son más angostas que en cualquier barrio porteño urbanizado. Las construcciones no son de cemento, están pegadas una al lado de la otra y se dividen por callecitas no pavimentadas con baldosas irregulares. La mayor parte tiene alcantarillas, lo que evita inundaciones desde que se instalaron. Alguna vez, la persona más conocida allí fue un cura de familia adinerada: Carlos Mugica. Ahora nadie lo recuerda. Los más conocidos son los narcos ocultos. Algunos dicen que son peruanos, otros creen que trabajan, obviamente, con conexiones locales. Sus cipayos, adictos que reciben dinero y falopa a cambio de ser vendedores directos, dan la cara tanto para los consumidores, como cuando las fuerzas de seguridad realizan un operativo mediático: “Ellos agarran un kilo, pero al lado dejan pasar cincuenta”, comenta uno. Ellos, los narcos, pueden juntar 5 mil pesos en un rato, puntualiza Gustavo Calima, que se hizo amigo de Facundo Salinas de tanto compartir drogas.

Los narcos mantienen contentos a los adictos a la pasta base, a la cocaína o el porro, pero también reparten dinero, entre 10 o 20 pesos, y porquería (entiéndase droga) a los vecinos de su misma manzana con dos intenciones: para que avisen si llegan intrusos o cobanis, y para evitar el desmadre que genere algún tipo de denuncia judicial. El consumo de paco se masificó desde que apareció con fuerza en el ya lejano, crítico, tenso, interesante, popular y festivo año 2001. “Los pibes de 17 a 25 años están en la nada, no van a la escuela y, si van, no tienen capacidad paraentender un texto. No llegan a leer los subtítulos de las pelis. No hay libros y viven en una exclusión cultural permanente”, asevera el docente, Carlos Albamonte, copado en el trato cara a cara y preocupado por lo que sucede con los pibes del barrio donde trabaja, el Bajo Flores. “El entretenimiento de los pibes ahora son los mensajes de texto y la pilcha cara. El que se para de manos es el kapanga.”

Entre las avenidas Cruz, Riestra y Perito Moreno, la Villa 1-11-14, justo enfrente de las tribunas de San Lorenzo, a pocas cuadras del Barrio Illia y Rivadavia, muchas familias no sólo tienen que lidiar con el karma de la pobreza sino también coinciden en tener algún familiar preso, adicto o asesinado. Nadie parece salvarse en las villas –Cildáñez, Villa 20, 21, Pirelli e INTA– que han conformado una Ciudad Satélite: Satélite significa que son un conjunto urbano que pertenece a una ciudad, pero que está separado de ella por un espacio sin urbanizar.

Los maestros

“Somos parches, una red de contención. A los pibes que no hacen nada se los encapsula, y los programas sociales son funcionales al encierro de los problemas. Así es como acá en la villa se forman los guetos. No salen, se manejan con códigos propios. Desde el 2000 que los pibes hablan con nosotros, los docentes, de la pasta base y dicen que a la noche cuando en una manzana se corta la luz es porque los narcos están descargando falopa”, cuenta Carlos Albamonte, que camina sin mayores inconvenientes por el Bajo Flores porque es uno de los protegidos de “el potro del Bajo”.

Al igual que un alto drogón del barrio de Versalles, ubicado entre Liniers y Devoto, muy cerca de Vélez, que dice: “Acá toman paco sólo los pobres”. Según el profesor de secundaria, “la pasta base se instala en los barrios pobres porque los narcos sacaron de circulación la marihuana. En el barrio no hay olor a porro (también sucede en Ciudad Oculta). Con el paco quedan anoréxicos, adelgazan estrepitosamente. Y la merca es cara para los consumidores del Bajo. Una historia cruel es aquella de una madre que pide un recurso de amparo para que el Estado se haga cargo de la vida de los hijos que parió. Toma la decisión porque le desvalijaron su casa, la misma casa donde ellos viven la saquearon para conseguir base”.

Los adictos a la porquería se dividen en grupos: los “gatos” son los más chicos, que se dedican a meterse en casas para robar objetos menores, como ropa húmeda que cuelga secando al sol. Los “rastreros” roban dentro de la villa y en general a trabajadores. Muchas de sus víctimas son bolivianos, blancos impensados en el pasado.

Los padres

Tanto en el Bajo como en Ciudad Oculta, los pibes han llegado a copar casas y la utilizan como propias. Los padres quieren hacer algo por sus hijos carcomidos por la pasta base. Los de Villa Lugano (algunos viven dentro de Ciudad Oculta y otros en la zona) aceptaron hablar con el NO bajo la condición de tergiversar sus nombres. Sucede que algunos de ellos denunciaron judicialmente a varios transas, y viven a metros de los vendedores que hace algún tiempo decidieron enfrentar mediante la movilización y a piedrazos. Están amenazados de muerte.

La bronca e indignación los impulsa a denunciar: “Los chicos están tirados en los pasillos de la villa. Caminan como si fueran zombis. Ni siquiera se miran en un espejo porque se darían cuenta de que son peores que un linyera, no se bañan y toman mucha agua. Por ahí están en la puerta de tu casa y te piden algo para beber”, comenta Daniela García, quien tiene un hijo adolescente, y trabaja la mayor parte del día.

“Llegan con buena ropa, pero después terminan zarrapastrosos. Venden todo lo que pueden. A nosotros nos han sacado la ropa húmeda que cuelga de la soga del patio. Todo lo hacen por las dosis de paco. Como dicen ellos:’Todo a la balanza’”, agrega Daniela, que usa una remera de los Rolling Stones, mientras toma un cigarrillo entre sus dedos bien finos. “Una mujer –se anima a decir Carla Domínguez– descubrió a quien robo su casa y agarró a uno de ellos. Después, en venganza, volvieron los amigos y la corrieron a tiros hasta las puertas de la comisaría 48ª, dentro de Ciudad Oculta. La madre soltera y trabajadora tuvo que irse. Hoy su casa está controlada por los transas, allí se comercializa droga.”

Cansados de tanto perder el sustento de sus vidas, los padres intentan resistir: “En la primera marcha rompimos la casa de dos transas. El primer narco se escapó por los techos y después llamó a la poli. La Federal (comisaría 48ª) vino detenernos. Pero nos negamos y no pudieron hacer nada. Sucedió en el 2003, cuando nos cansamos de esta situación. Empezó con las madres que nos cruzábamos en el barrio y hablábamos de lo que les sucedía a nuestros hijos”. Mientras los cafés circulan, Daniel Ramírez cuenta que tiene siete hijos y uno de ellos adicto al paco: “Después de las movilizaciones, los pibes andaban con vergüenza, no querían mostrarse como lo hacen ahora. Más adelante, nuestra organización se debilitó por la represión policial y los temores. Muchas familias se fueron porque estaban amenazadas, se tuvieron que ir, pero sus hijos vuelven al barrio para seguir consumiendo”, cierra Ramírez.

“A mí la pasta base me re pega y en menos tiempo que la merca. Estoy seguro de que si te gusta la merca, la pasta base puede ser tu patrona. Al principio, como sin darme cuenta, me enganché y me re copaba. No la puedo dejar y eso es un garrón. No soy libre. No disfruto de mis momentos. Se me van las ganas de hacer música y de acariciar a mis perros. Eso es una impotencia muy grande y encima me doy cuenta de que no puedo parar. Es como estar muerto. Soy uno más que te da un sermón, ¿no? Pero, ¿sabés qué, chabón? Tengo todo el derecho, porque sé de lo que hablo y lo digo con toda mi vergüenza. Veo que la gente que curte pasta base se queda en el tiempo biológico, y en el afectivo también. Mirá, chabón: la base es la muerte, y si te querés morir, probala o seguí fumando”, se dio tiempo para escribir el Pity de Intoxicados.
Por Lucas Schaere

Pasta Base en Uruguay

Marzo 28th, 2006

El 80% de los consumidores de pasta base en Uruguay, tiene menos de 21 años

La pasta base se ha instalado en Uruguay como la droga de los sectores más pobres y jóvenes de la sociedad. Un estudio asegura que se consume en mayor cantidad en los barrios de menor poder adquisitivo y que el 80% de los consumidores son menores de 21 años.

El consumo de pasta base en Uruguay comenzó a aumentar en el 2002 y encontró un terreno fértil en los sectores más pobres de la población, en especial entre los más jóvenes. El 80 % de los consumidores tienen menos de 21 años.

Un estudio del Instituto de Investigación y Desarrollo, afirma que la pasta base a desplazado a otras drogas tradicionales y un dato de los que aparece en ese estudio es revelador al respecto: el 70% de los adictos a las drogas reconoce consumir pasta base. Además siete de cada diez consumidores, son hombres.

Reseña histórica

Marzo 28th, 2006

Si bien la pasta base de cocaína es la tercera droga ilícita más consumida en Chile, Argentina,Uruguay y otros paises de sudamerica (después de la marihuana y el clorhidrato de cocaína), en general su aparición no se acompaña de una pesquisa sostenida en el tiempo. Mientras en Europa y Norteamérica el problema es prácticamente inexistente, se presume que en algunos países de América Latina “nunca un tipo de droga alcanzó grados más alarmantes de consumo y porcentajes más altos en tan corto tiempo que la pasta base de cocaína”

(Fuente: Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, FAD, España).

Pasta base en chile

Marzo 28th, 2006

Barata, fácil de conseguir y rápidamente adictiva. ¿Qué es?¿Qué efectos produce?¿Cuáles son las consecuencias de su consumo?Los planteos generalizadores sobre las drogadependencias, tienden a borrar las singularidades de los sujetos y de las sustancias que consumen. También son singulares las modalidades que el consumo ha ido adoptando en las diferentes épocas y también deberá ser singular el dispositivo terapéutico de abordaje que ofrezcamos ante dicha problemática.
Dentro de esta multiplicidad debemos pensar la drogadependencia como un síntoma propio de la cultura de una época, de un síntoma que va mutando rápidamente y que nos obliga a ir cuestionando nuestros abordajes terapéuticos con la misma velocidad.
Si realizamos una lectura de los últimos tiempos, debemos destacar que una nueva situación clínica, producida por el consumo (en constante aumento) de pasta base de cocaína (PBC).

La PBC que hace mas de 10 años fue llamada el crack del subdesarrollo o la cocaína de los pobres, tiene como una de sus características principales su bajo costo (bolsas de $3 y $7 (3$ Argentinos = 1U$$)) y la producción de un efecto comparable al de las drogas endovenosas, siendo adoptada por las clases socioeconómicas más bajas y marginadas del entramado social.
El consumo de esta sustancia, presenta una singularidad en cuanto al deterioro crónico en la dimensión física como psíquica (en un corto período de tiempo), y representa un desafío para los equipos terapéuticos poder dar una respuesta tan compleja como la multicausalidad que la problemática representa.
Para dar dicha respuesta debemos saber qué es la PBC, que efectos produce y cuales son las consecuencias de su consumo.
La PBC además del alcaloide de las hojas de coca tiene como agregado diferentes solventes (kerosén, gasolina, ácido sulfúrico). Se la denomina paco, pasta, bazuca o mono cuando está mezclada con tabaco; en cambio si está mezclada con marihuana se la llama mixto o marciano. Su presentación es un polvo apelmazado que puede variar en su color en función de las proporciones que la mezcla contenga, puede presentarse amarillento, marrón o blanco.
La forma de consumirla es fumándola en latas agujereadas con el agregado de cenizas de tabaco, en pipas construidas con cañitos metálicos o antenas y el agregado de virulana, o directamente se la fuma en formato de cigarrillo o porro.
La aparición de los efectos se dan alrededor de los 30 segundos de consumirla con una duración de 5 a 8 minutos.
Influyen varios factores en el efecto que produce el consumo de PBC (preparación, dosis, combinaciones y sujetos que la consumen), pero en líneas generales se manifiesta como aumento de energía y del estado de alerta, disminución del sueño y del apetito, verborrea, aumento de la presión arterial, del ritmo cardíaco y respiratorio.

La interacción que produce a nivel cerebral (liberación de dopamina) determina un rápido pasaje de una situación euforizante (high similar a las drogas endovenosas), a una sensación muy desagradable (bajón o crash) incrementada en los sujetos que se encuentran en el estadio de una adicción instalada.
Los períodos de abstinencia se presentan con disforia, irritabilidad, depresión (en algunos casos ideación suicida), ansiedad y un deseo muy intenso de volver a consumir PBC, sin importar los medios para conseguirla. Es por esto, que los consumidores se encuentran habitualmente relacionados a conductas delictivas.
Las consecuencias del excesivo consumo produce una alteración a nivel de la neurotransmisión cerebral con posibilidades de presentar convulsiones, disfunciones cardíacas y pulmonares, síntomas psicóticos (alucinaciones), excitación psicomotriz, ideas paranoides, distorsión de la realidad, acciones compulsivas. También se presentan trastornos en el sueño y disfunciones sexuales graves (falta de deseo y dificultades en la erección).
¿Cómo operan los medicamentos en las estrategias de intervención con los consumidores de PBC? La experiencia demuestra que el bloqueo de los receptores dopaminérgicos y los inhibidores de la recaptación de serotonina dan buenos resultados en el primer período de abstinencia y los hipnóticos benzodiazepínicos en las alteraciones del sueño.
Teniendo en cuenta la diversidad de factores que inciden en un consumidor de PBC y la complejidad de los efectos y consecuencias del consumo, es necesario plantear un abordaje estructural en nuestras comunidades terapéuticas desde la interdisciplina. El abordaje en equipo nos permitirá realizar una lectura que determine cual será el criterio que tome mayor relevancia en nuestras intervenciones. El criterio fundamental es el comunitario (la estructura), pero sin perder de vista que en ciertos momentos es necesario que tome mayor relieve el criterio médico psiquiátrico, ya que los consumidores e PBC presentan un mono o síndrome de abstinencia muy marcado, y la intervención medicamentosa a tiempo nos posibilitará la continuidad de un tratamiento.
El criterio comunitario (su estructura de funcionamiento) es un estímulo constante para la rehabilitación, como parte de un sistema mayor. El interjuego de las diferentes miradas que se aportan desde un equipo terapéutico y el timing de nuestras estrategias de intervención nos darán la posibilidad de dar respuesta a una problemática tan compleja como la que presentan los consumidores de PBC y será en este abordaje interdisciplinario donde se encuentren las respuestas a las problemáticas que involucren las variables orgánicas, psicopatológicas, familiares y sociales de cada paciente.

Escrito por: Lic. Leo Fortuna

Serie mitos y verdades: cocaína y pasta base

Marzo 28th, 2006

Serie mitos y verdades: cocaína y pasta base

1. CONSUMIR COCAINA UNA VEZ NO TIENE RIESGOS.

Falso. La cocaína es una droga con alto poder adictivo, lo que combinado con las características personales y contextuales (sociales, económicas, culturales y familiares) implica un alto riesgo el probarla, tanto para una adicción como para sus consecuencias asociadas.

2. LA COCAÍNA ES UN DEPRESOR O TRANQUILIZANTE

Falso. La cocaína es un poderoso estimulante del sistema nervioso central, que provoca sensación de energía, vigor, alerta y rendimiento físico, pérdida del apetito, aceleración del corazón y aumento de la presión sanguínea, entre otros síntomas. Esta sensación de potencia puede ir acompañada de nerviosismo, aumento de la ansiedad, palpitaciones, donde las irregularidades del funcionamiento cardíaco podrían llegar a provocar arritmias e incluso provocar un infarto o paro cardíaco.

3. LA COCAINA ES UN ESTIMULANTE DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL CON ALTO PODER ADICTIVO.

Verdadero.

4. USAR PASTA BASE ES MAS BARATO QUE CONSUMIR OTRAS DROGAS.

Falso. Se necesitan muchas dosis seguidas para evitar la angustia que produce consumirla, lo que a largo plazo resulta más caro. Si es o no barata no tiene gran importancia en relación al altísimo costo que su uso tiene para el consumo.

5. LA PASTA BASE ES UNA DROGAS MENOS DAÑIÑA QUE LA COCAINA.

Falso. Es una droga con alto poder adictivo, más tóxica aún que la cocaína, ya que contiene bencina, éter, parafina, ácido sulfúrico y otros químicos que agregan efectos nocivos para el organismo. Se fuma y esta vía de consumo es más adictiva pues la droga llega más rápido al cerebro que por la vía de aspiración, el efecto de estímulo es corto y velozmente se genera el síndrome de abstinencia, que es la intensa angustia que sienten, entre otros síntomas.

6. EL CONSUMO DE PASTA BASE POR PARTE DE LA EMBARAZADA AFECTA EL DESARROLLO Y CRECIMIENTO DEL RECIEN NACIDO.

Verdadero.

Fuente: CONACE

Mundo paco

Marzo 28th, 2006

“Paco” es el nombre vulgar por el que todos reconocen a la PBC. Cuesta un peso la dosis, el gramo, aunque se consigue por menos de acuerdo a la cantidad. Similar al “bazuco”, que hace tiempo se consume en países como Perú y Colombia pero que aquí siempre fue una rareza merced a esa ficticia ventaja comparativa de nuestra moneda que terminó hace casi tres años y que nos permitió alojar otro tipo de drogas. Otras denominaciones son “mono” o “marciano”, si se la mezcla con tabaco o marihuana, según sea. De aspecto amarillento o amarronado, dependiendo los precursores químicos que se utilicen, el paco se fuma en pipas hechas con un caño de aluminio ahuecado, generalmente se utiliza una antena de televisión o una guía de cortinas.
El efecto por fumar (entre 8 y 40 segundos) varía de acuerdo al tipo de precursores incluidos en la preparación, pero es casi automático. Se va con la misma intensidad. En pocos minutos desaparece pero provoca una compulsividad insoportable a seguir fumando.

PBC es la cocaína no tratada que se extrae de las hojas de coca, a través de un proceso de maceración y mezcla con solventes como parafina, bencina, éter, tolueno o kerosene y ácido sulfúrico. Para el farmacólogo Roberto Bastrocchi, la letalidad de la sustancia radica en que “conlleva inmediatos perjuicios asociados por su carácter adictivo, anestésico, alucinógeno y profundamente irritante de algunos de estos componentes. El efisema pulmonar aparece enseguida por la irritación de la mucosa respiratoria, los trastornos cardiovasculares son inmediatos y, a nivel cerebral, se producen modificaciones severas de conducta porque, literalmente, se vuela el lóbulo frontal”. Para el especialista, un adicto a PBC “es como un oligrofrénico que detiene la curvatura evolutiva e ingresa en una exterminación neuronal irreversible, hasta llegar a estados de demencia”.

Las etapas por las que transita un consumidor al momento de fumar pueden esquematizarse en cuatro estadíos. Primero la euforia, donde se observa una disminución de las inhibiciones, una sensación de placer e intensificación del estado de ánimo. Luego la etapa de disforia, en que el sujeto bruscamente empieza a sentirse angustiado, deprimido e inseguro. Se produce un deseo incontenible de seguir fumando, tristeza, apatía e indiferencia sexual. En tercer lugar se produce ese consumo sin interrupciones que busca mitigar la sensación anterior cuando todavía se tiene la dosis en sangre. Y, finalmente, la etapa de psicosis y alucinaciones, una pérdida de contacto con la realidad a nivel sensorial. Agitación, paranoias, agresividad, alucinaciones, son episodios de psicosis que pueden durar semanas o meses. El estado paranoico tiene que ver con la culpa. El adicto piensa que vienen a buscarlo, que viene la policía o la madre. Esta etapa los especialistas la denominan “cabeza de gato”, como un bamboleo buscando a alguien, una alucinación donde aparece esa persona a la que sienten que le tienen que rendir cuentas.

Para la licenciada Ana De Imperio, que dirige el Centro Provincial de Atención a las Adicciones de Berazategui (CPA), “los pibes que prueban el paco quedan `pegados´. Aunque vinieran fumando marihuana o haciendo un consumo regular de cocaína, dejan todo al conocer la pasta base”. La especialista grafica que la compulsividad es tal que “muchos ingresan con quemaduras en la boca, producto de fallas en el armado de la pipa, pero la necesidad de fumar es más grande que el dolor que pueda causar una boquilla de metal que está mal hecha”. Para evitar las quemaduras los usuarios la cubren con cinta aisladora.

El miedo a la muerte es un ingrediente central que lleva a los chicos a pedir ayuda para salir de esta droga. “Las transformaciones físicas son demasiado elocuentes, sobre todo a nivel respiratorio y esto los coloca frente a una sensación de muerte inminente”, dice De Imperio, y agrega que “muchos pibes también tienen miedo de que los maten porque para poder sostener el consumo tienen que salir a robar”. Los nuevos consumidores son chicos de 13 o 14 años que directamente empiezan con paco y son víctimas de su propia vulnerabilidad. No está muy claro si todos son marginales, en algunos casos provienen de familias de clase media, que han visto pauperizadas sus condiciones económicas y, en muchos casos, el jefe de hogar tiene trabajos temporales o es beneficiario de algún plan social.

“Un pibe en estado de tetanización es tan vulnerable que le entrega al `tranza´ todo lo que tiene: zapatillas, campera, todo lo que está a su alcance. La operación se realiza en el lugar de consumo que, generalmente, es el mismo donde se compra”, describe el psicólogo Jorge Franquet, coordinador de la modalidad de tratamiento Comunidad de Día en el mismo centro. Aclara que, en general, el consumo de PBC “no se realiza en la calle ni en grupo, no tiene rito, es algo muy personal y se sabe como empieza pero no como termina”. Franquet conoce muy bien a los pacientes que trata y refiere que “pierden todo interés por cualquier cosa que no sea fumar, hasta el sexo pasa a ser algo que ya no interesa. A diferencia de otras drogas donde se puede mantener relativa autonomía en el trabajo y otras actividades, con la pasta base esto se elimina por completo”.

La compulsión se traduce en cantidad. “Un pibe puede llegar a fumar en una noche entre 10 y 15 pacos, pero se genera tal sensación de sequedad y quemazón que tiene que parar, por eso la mayoría toma alcohol, lo que les permite llegar a fumar entre 50 y 60 en una jornada”, explica Franquet. El resultado de esta saturación tóxica se traduce en el deterioro físico. “Un chico que consume paco en pocos meses es un esqueleto gordo, de ojos saltones que camina con la cintura dura”, relata el especialista. Es el resultado más evidente de la quita de apetito, que les permite estar dos o tres días sin ingerir alimentos y los hace adelgazar en cantidad.

Cuando un paciente ingresa a tratamiento se produce un necesario proceso de estabilización que le permita tolerar la abstinencia. Para el operador socioterapéutico del CPA de Berazategui Leandro Epelbaum, “el tratamiento en sí no dista demasiado de cualquier intervención que hagamos con pacientes adictos a otras drogas, pero sí es casi una regla que por el deterioro físico y el grado de intoxicación debamos someterlo a un proceso de limpieza de su organismo para iniciar la recuperación, algo que con la cocaína suele no ser necesario”. Lograr la abstinencia del paciente se torna a veces dificultoso, pero “tenemos que partir de la base de que se cumpla porque, de lo contrario, se complica cualquier intervención”, dice Epelbaum, aunque agrega que “acá se pone como condición el no consumo pero las recaídas se trabajan y somos flexibles para no expulsar al paciente del servicio. Hemos relajado un poco los límites porque sabemos que de otra manera perdemos el caso y estaríamos condenando a esa persona a quedar afuera del sistema de atención”.

Nicolás

Marzo 28th, 2006

“Yo empecé fumando porro y después algo de cocaína. Un día alguien del grupo trajo un paco y yo, que estaba muy en pedo, me fumé dos.
Me pegó y quedé pila, sano, duro. Miraba para todos lados. Después fume dos más, después cinco. Y así empecé.
Dejé todo, sólo paco y alcohol. Llegué a gastarme cien mangos en una noche.
Porque es una droga que te pide mucho, te pide mucho…. Vendí todo, arruiné a mi viejo, hasta una cámara digital le vendí. De entrada fumaba treinta pero algún día llegué a más de cien. Consumía solo a cualquier hora en la villa donde compraba. Los que venden no fuman, por ahí consumen cocaína, la pilotean más. A veces, cuando quedaba “manija” (colgado), porque no tenía moneda para comprar, me la daban igual pero si sos un “fisura” (sin plata) los tipos te junan y te mandan a afanar.
Yo robé porque ya no tenía nada en casa. Un día tuve quilombo con un “tranza” y me cagaron a tiros. El que estaba conmigo me rescató.
Al poco tiempo “pum”, lo mataron. Con estos tipos no se jode.
Ahí me quedó el trauma y pedí ayuda. Hace siete meses que estoy en tratamiento, tuve recaídas pero voy a salir. Voy a estudiar cocina, me gusta eso.
Yo cocino bien porque tengo familiares que me enseñaron.
Tengo una vida por delante. Un padre que vale oro.
Y que está sufriendo mucho por mí. Por él y por mí voy a salir”.

Nico tiene 25 años, hace diez que empezó a consumir, pero tocó fondo hace dos cuando empezó con el paco. Está en el CPA de Berazategui, su padre lo lleva y lo trae. En el barrio la gente lo alienta. Eso le da fuerzas para seguir. Cuando se cruza con aquellos que siguen consumiendo tiene que soportar que le digan “vos sos un careta, vení a fumar, sos una mamá”. Pero él resiste. Se mira en los ojos de su padre, esos que ignoró durante tantos años y ve que el reflejo que devuelven es unívoco: la vida está por ahí.

Marta

Marzo 28th, 2006

Marta desde Argentina
“A la gilada esa la hacen con los desechos de la cocaína, le meten todo; hasta veneno para ratas. Para fumarla agarrás un cañito de antena de televisión, le metés virulana adentro y dejás un poco para poner la pasta. Es un flash jodido; te sube directamente a la cabeza con la primera pitada y te va quemando todo por dentro. En dos o tres meses no servís para nada, porque se te van las ganas de comer, de bañarte, de todo; quedás estúpido. Por eso a los que fuman les decimos los muertos vivos. En el barrio es un bajón ver a los pibes así, tirados en las esquinas, descalzos, deformados de tanta porquería. Yo los veo cuando fuman, y se le ponen duros los tendones, se contorsiona todo el cuerpo. Fuman y a los cinco minutos el cuerpo te pide más, porque la porquería es muy adictiva, te engancha enseguida y perdés, terminás meando, cagando y escupiendo sangre. Algunos empeñan hasta el inodoro para seguir fumando, y otros llegan a prostituirse para conseguir un poco más”.

Marta es una joven madre que vive en Ciudad Oculta, Villa Lugano, y está acostumbrada a presenciar ese panorama dantesco al que describe mejor que cualquier cronista.
La pasta base de cocaína (PBC) está matando a sus hijos y a los de sus vecinas.
Tal vez por eso, decidió involucrarse en una causa impensada hasta hace algunos años: poner cuerpo y alma para ayudar a los chicos y denunciar a los vendedores de drogas.
Ella no recuerda la fecha exacta; fue una noche de verano, a fines de enero de 2004, cuando comenzaron a juntarse en una de las canchitas de fútbol del barrio. Amasaron la idea y juntaron coraje. Cuarenta madres comenzaron a marchar, armadas con martillos y palos, hasta la casa de uno de los dealers de PBC. Boquete en la pared mediante, esa noche recuperaron 70 documentos, varias camperas y zapatillas que sus hijos habían empeñado para comprar las dosis. Un día llegó la televisión y mostró a “las madres de la pasta base”. Ellas pudieron contar su historia.
Una historia que se repite en los barrios más pobres de Capital Federal y el Gran Buenos Aires.