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Del aborto a la pasta base, en una única secuencia

Domingo, Agosto 20th, 2006

Original : Del aborto a la pasta base, en una única secuencia

En uno de sus momentos multimedia, mientras alternaba entre la visión de una película infantil en la PC y un insano noticiero televisivo , æclipse µattaru pensó que el discurso presidencial que reproducía el noticiero era digno de ser comentado en este antro y nos lo hizo saber mediante un mail algo paranoide (o quizá yo esté un poco naïf últimamente). El discurso en cuestión fue el que nuestro benemérito presidente pronunció el 3 de agosto en la inauguración del seminario Fortalecimiento del Proceso de Descentralización y Municipalización de la Política Nacional de Drogas, una de esas pedorradas con nombres rimbombantes que tanto gustan a los políticos. El remitente en cuestión se mostró preocupado por una frase de Tabaré que decía así (negritas originales en el mail):
Amigas y amigos, ojalá no fuera necesaria una política nacional de drogas, pero lo es. La realidad indica que lo es y a la realidad no hay que engañarla, ni esconderla, ni pelearse con ella. A la realidad hay que asumirla para mejorarla y a eso apunta este seminario: a aprehender la problemática del consumo indebido de drogas, a aprender de la experiencia acumulada en nuestro país, en otros países, o por parte de organismos internacionales y a abrir una perspectiva local en el marco de las políticas públicas nacionales referidas a esta materia.


Además de groupie (para)lelo, æclipse µattaru, se asume como un maniático lector de entrelíneas tendiente a la sobreinterpretación. Por tal razón sospechó un paralelismo entre las palabras de Vázquez acerca del “consumo indebido de drogas” y la práctica clandestina del aborto. Después de hacerle saber que necesitaba vacaciones urgentes, me dediqué a leer el texto completo y descubrir aquellas palabras o frases que, según æclipse, podían contener semejante mensaje subliminal. Aunque nunca las encontré, me fumé uno de los discursos más intrascendentes y cantinflescos que leí en los últimos tiempos acerca de la lucha anti-drogas. La idea central del seminario era, tal como su pomposo nombre lo indicaba, reunir a todos los intendentes municipales para decirles que la política anti-drogas no debía ser únicamente competencia del gobierno nacional. Traducido sería algo así como “hagánse cargo, manga de vagos, ¿no ven que estamos muy ocupados con el TLC?”. Y que conste que acá no valen acusaciones de ¡opositora, a la hoguera! ya que eso lo dijo el mismísimo señor presidente de esta manera, tratando de congraciarse con los invitados dada su calidad de ex intendente:


Pero al mismo tiempo me siento especialmente identificado con las autoridades municipales aquí presentes. Casi me atrevo a decirles “colegas”, queridos “colegas”. Sé por experiencia propia, por haber sido Intendente Municipal de Montevideo y -para decirlo llanamente- por haberlo vivido también del otro lado del mostrador, lo que significa municipalizar y descentralizar ciertas políticas nacionales. Se puede pensar que es transferir una carga, una responsabilidad que el gobierno nacional se quiere sacar y dar a los gobiernos municipales y así puede ser entendido.


Después de esa, se mandó la frase que provocó la alarma de nuestro fanalelo. Una frase repleta de lugares comunes y con un montón de palabras que sirven más sueltas que juntas. El resto del discurso sigue la misma línea: la nada en toda su extensión. La presentación de un plan de municipalización de la lucha anti-drogas no puede presentarse de la misma manera en que se presentan patrulleros donados por España, hablando pelotudeces para llenar media hora de acto. Un plan así debe anunciar qué clase de políticas se implementarán, quienes dependerán de quién, mostrar datos y demás detalles por el estilo, que esta vez se olvidaron de incluir. Por poner un ejemplo, nadie cuestionó cómo puede municipalizarse un asunto que requiere si o si de un cuerpo policial metido hasta las tetas en cualquier negociado relativo al tema y más importante, dependiente del Poder Ejecutivo. O explicar qué impuesto municipal se habrá de inventar para costear las políticas antidrogas de cada departamento. No sé, cosas así, ustedes digan también qué otras pavadas se les ocurren. Después de Tabaré habló su hermano Jorge, presidente de la Junta Nacional Antidrogas (JND), para agregar que había mantenido unas reuniones de asesoramiento con la Suprema Corte de Justicia y no mucho más. En fin, que lo del aborto del principio un carajo y de política anti-drogas menos, porque no tienen ni idea por dónde empezar, ni qué hacer y me atrevería a decir que en realidad tampoco tienen ganas de hacer algo. Las únicas que intentaron hacer algo fueron las madres de los adictos a la pasta base, al amenazar con entregar a la prensa una lista de bocas de venta si las autoridades no concurrían a una de las convocatorias que venían organizando desde un mes antes. La divulgación mediática de la lista fue impedida ese mismo día por Jorge Vázquez, quien se comunicó con Rocío Villamil, vocera de las madres, para informarle que Sidney Ribeiro, director nacional de Policía, las estaba esperando en el ministerio del Interior. Recibió la lista, dijo muchas gracias y la tiró en la primera papelera disponible. Desde que comenzaron sus actividades, las autodenominadas Madres de la Plaza, vienen sufriendo el ninguneo del gobierno, que se cagó hasta las patas el día que dijeron “vamos a la prensa”. Una prensa que les dio pelota desde el día que anunciaron la formación del grupo, motivo por el cual, entre tantos otros, Tabaré Vázquez acusó a varios medios de “opositores”. Entonces, como aparentemente a la JND no le alcanzaba con ignorar cuanto reclamo hicieran las madres, su secretario general Milton Romani las acusó de “tener conductas paranoides, ultrapersecutorias y abusivas”*, que es una forma elegante de decirles “locas histéricas”. Según la nota publicada por El Observador, Romani alertó sobre esas conductas en un mail enviado en los primeros días de julio (luego de la primera marcha) cuyo encabezado explicaba que se trataba de “una comunicación reservada para todos quienes integran los distintos colectivos que trabajan con la SND (Secretaría Nacional de Drogas) comprometidos en los diversos planos de la acción en materia de políticas en drogas”. Según EO, Romani “no se desdice de nada” de lo que escribió en ese correo pero explicó que actualmente la JND está trabajando “mano a mano” con las madres ya que la relación mejoró luego de que ellas presentaran “un proyecto de trabajo conjunto“. Arrugaste, Romani. Sinceramente, dudo de que alguien que hace un mes y medio pensaba que “lo más dramático (son) las madres y familias llamadas disfuncionales, problemáticas o con trastornos severos, que lejos de asumir un compromiso lo que hacen es cerrar el circuito adictivo y generar vínculos enfermos con todo el entorno”, ahora pueda pensar de otra manera y trabajar “mano a mano” con “madres y padres que despliegan conductas paranoides, ultrapersecutorias, que piensan en forma omnipotente“. Y menos todavía cuando basurea a Rocío Villamil, diciendo que su comportamiento “tuvo facetas coherentes” con el perfil de familia mencionado y la acusa de proyectar masivamente en otros “un malestar personal muy hondo del cual no parece hacerse cargo a pesar de toda su ‘historia’ familiar y la de su hijo con el tema“. Cual informante de Inteligencia, Romani describe a Villamil como una persona que “muestra tener una inteligencia y una cultura superior a la media y tiene el lenguaje y modismos de una ‘militante’. Su discurso tiende paradójicamente a banalizar el drama, habla con un lenguaje ‘de conocedora del tema’, con la jerga del ‘ambiente’. Parece querer manipular al entorno”. ¿Quién carajo es Romani para venir a hablar del entorno familiar de alguien o de acusar a los padres de “generar vínculos enfermos“? Como todas las madres de adictos, Villamil habló siempre desde el dolor, la rabia y la impotencia que produce una situación así. Es lógico que Villamil hable con un “lenguaje de conocedora del tema”, porque le toca más de cerca que a nadie. Si Romani, Vázquez y toda la manga de inútiles que podrían hacer algo y no lo hacen salieran de la burbuja en que la que viven, se darían cuenta que esto hace un rato largo que se les fue de las manos. Crear clínicas de rehabilitación que no dan abasto sirve para bastante poco, porque el asunto viene desde el fondo. Prefiero a mujeres que, como Villamil, quieren solucionar un problema que va más allá de la “disfuncionalidad” de una familia, a aquellas madres que se hacen las pelotudas cuando sus hijos/as de 12 años le soban el pito a cualquiera a cambio de fumar lata. Ojalá hubieran más madres que “proyectaran” un malestar producido por ver cómo su hijo le vende hasta los calzones y se hace mierda cada día, para ver si estos ignorantes se toman el asunto en serio o si prefieren seguir multando a los que fuman en los bares.* sí, Romani, a las Madres de Plaza de Mayo hace 30 años también las acusaron de algo parecido.

Publicado en Pasta base, Originalmente escrito por Daniela de curso(para)lelos